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miércoles, 9 de marzo de 2011

Arte Menor

«Arte menor», palabras mayores y populares de Juan Ramón Jiménez

Se recupera un libro inédito del poeta y Nobel de Moguer escrito en 1909

ABC 25/02/2011


Él mismo se llamaba «el creador sin escape». Escribía a todas horas y durante todos los días de su vida. Creaba mucho más de lo que humanamente era posible publicar. Además, en aquella España de principios de siglo la poesía no era un género fácil de editar. Y por si todo esto fuera poco, Juan Ramón Jiménez era un obseso de la edición, como meridianamente claro dejó dicho: «Maldigo a los que en el futuro hagan libros feos de mi obra».

Por eso no es de extrañar que muchos de sus versos, muchos de sus títulos, a menudo también menoscabados por otros proyectos, quedaran en carpetas y cajones. Como «Arte menor», un libro escrito en 1909 que ha quedado inédito como tal (algunos poemas sí fueron recogidos por el de Moguer en sus antologías, y publicados en extrañas e inencontrables revistas), cuyas páginas dormían en la la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico. Ahora, «Arte menor» vuelve a la vida en preciosa edición crítica de Linteo Poesía que ha dirigido José Antonio Expósito Hernández, con la que, además, se cierra una trilogía del Nobel español dedicada a la poesía neopopular cuyas anteriores entregas fueron «Las hojas verdes» y «Baladas de primavera».
Por dos veces intentó Juan Ramón editar el libro. La primera, en París, con la mediación de Enrique Díez-Canedo, en la editorial Ollendorff. La segunda en la madrileña Renacimiento, del dramaturgo Gregorio Martínez Sierra. No fue posible, y el libro acabó en un cajón. Tras la Guerra Civil, y después de que la casa del poeta fuera asaltada por unos falangistas, el de Moguer le pidió a su amigo Juan Guerrero que rescatara todos sus manuscritos y se los enviara a Puerto Rico. Y en la isla caribeña han estado. Hasta ahora.

«Nos encontramos ante un libro tremendamente arriesgado y sorprendente –explica José Antonio Expósito-. Un libro repleto de audacia métrica, rítmica y estilística, de musicalidad y sutileza, de versos que influirían notablemente en las primeras obras de Lorca, Alberti y Miguel Hernández». Juan Ramón Jiménez, como krausista de la Residencia de Estudiantes creía en la ética y la estética del arte popular, pero no a la manera arcaizante del Machado de «La tierra de Alvargonzález», sino de una manera renovada, luminosa, ágil, viva y cien veces viva, poesía como la que este libro incorpora y que Juan Ramón vió y leyó en los primeros poemas de Lorca y Alberti, ante los que sintió «un enorme regocijo».


De su propia voz

Aunque el libro permaneciera inédito, los jóvenes del 27 lo leyeron parcialmente en la «Segunda Antolojía», de 1922, en revistas que perseguían y de la propia voz del poeta de Moguer en su casa madrileña. Hasta tal punto le imitaban que un buen día, Jiménez, un poco mosqueado, llegó a espetarle a Bergamín: «Ya está bien de que escriba usted lo que me oye». Y casos de influencia al pie de la letra. El «verde carne, pelo verde» lorquiano ya lo había anticipado años antes el de Moguer en «verde es la niña. Tienen / verdes ojos, pelo verde»; al igual que el «si mi voz muriera en tierra llevadla al nivel del mar», del «Marinero en tierra» de Alberti, lo había escrito el Nobel como «llevadme al mar /a ver si duermo».


ABC Manuscrito

La luna juanramoniana ya era de nardo, y luego Lorca la vistió con un polisón. Hasta los puñales de Federico ya refulgían en Juan Ramón. Incluso, «Arte menor» está dedicado a la “memoria permanente de de Don Luis de Góngora y Argote, único ético estético de nuestro pasado». Góngora, el vindicado también por los del 27. Sin embargo, el propio Juan Ramón advertiría a aquellos jóvenes: «Todo cansa, no pueden estar ustedes repitiéndose». Y nació el encono. Más o menos mutuo. Porque, como subraya José Antonio Expósito, «este tono popular no es el que consagra al poeta, pero sin él, sin esta savia, no puede haber poeta». «Arte menor», palabras mayores.


fuente: ABC

martes, 14 de abril de 2009

Un conocimiento que fomente la paz: Biblioteca digital mundial

Ocho días para el nacimiento de la Biblioteca Digital Mundial

Domingo, 12 de Abril de 2009 08:25 Enzo Agrigento

Documentos, manuscritos, mapas, libros y fotografías de las 32 bibliotecas más grandes e importantes del mundo se podrán consultar desde el próximo 21 de abril cuando sea presentada oficialmente en la UNESCO (París) la Biblioteca Digital Mundial. De esta manera, cualquier internauta podrá acceder gratuitamente a numerosos documentos únicos de los principales archivos históricos del planeta. Además, contará con películas, grabaciones sonoras y fotografías.

La presentación de la Biblioteca tendrá lugar en el transcurso de una recepción ofrecida conjuntamente por el director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura, y el bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos, James H. Billington. En la recepción se contará también con la presencia de directores de las instituciones asociadas a este proyecto para presentarlo a los ministros, embajadores y delegados permanentes de los estados miembros, así como a algunas personalidades especialmente invitadas, que van a participar en la reunión de primavera del Consejo Ejecutivo de la UNESCO.

Siete idiomas

Esta gran biblioteca digital funcionará en siete idiomas -árabe, chino, español, francés, inglés, portugués y ruso-, aunque también contará con contenidos en otras lenguas del mundo. El trabajo principal del proyecto lo ha llevado a cabo la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. A su vez, la Bibliotheca Alexandrina de Egipto facilitó su asistencia técnica para el desarrollo de la web; mientras que otras bibliotecas y algunas instituciones culturales y educativas han contribuido con sus conocimientos especializados.

Sus características en materia de búsqueda facilitarán las investigaciones interculturales y a través de distintas épocas. Todos los temas irán acompañados de descripciones y algunos de ellos serán presentados en vídeos por bibliotecarios y archiveros especializados, a fin de que los usuarios puedan situar su contexto. Con esto se pretende también despertar la curiosidad de los estudiantes y el público en general, con vistas a incitarles a profundizar sus conocimientos sobre el patrimonio cultural de todos los países.

Tesoros culturales

Entre los tesoros culturales presentados en la Biblioteca Digital Mundial figurarán los siguientes: estelas y huesos para oráculos aportados por la Biblioteca Nacional de China; manuscritos científicos arábigos procedentes de la Biblioteca y Archivos Nacionales de Egipto; fotografías antiguas de América Latina conservadas en la Biblioteca Nacional de Brasil; el Hyakumanto darani, una publicación del año 764 custodiada en la Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón; la famosa Biblia del Diablo del siglo XIII, perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de Suecia; y obras caligráficas en árabe, persa y turco de las colecciones conservadas en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

El único país de lengua española que participó de la construcción del sitio fue México, a través de su Centro para el Estudio de la Historia. También han contribuido con sus conocimientos especializados y han aportado contenidos al sitio web las bibliotecas nacionales y algunas instituciones culturales y educativas de Arabia Saudita, Brasil, Egipto, China, Eslovaquia, Estados Unidos, la Federación de Rusia, Francia, Iraq, Israel, Japón, Malí, Marruecos, los Países Bajos, Qatar, el Reino Unido, Serbia, Sudáfrica, Suecia y Uganda.

Hasta ahora se han implicado en la Biblioteca Digital Mundial 32 organismos y a su financiación han contribuido empresas privadas como Microsoft o Google.

Un proyecto surgido en 2005

En 2005, James Billington tuvo la iniciativa de proponer a la UNESCO la creación de una biblioteca digital mundial, señalando que este proyecto “podría tener el efecto beneficioso de unir a las personas, exaltando el carácter profundo y excepcional de las diferentes culturas en un proyecto a escala mundial”. Además de promover el entendimiento mutuo en el plano internacional, el proyecto tiene las siguientes finalidades: ampliar la cantidad y diversidad de los contenidos culturales en Internet; proporcionar material de documentación, información y estudio a educadores, estudiantes y eruditos, así como al público en general; y, por último, crear capacidades en las naciones asociadas al proyecto, con vistas a reducir la brecha digital entre los diferentes países y dentro de cada uno de ellos.

sábado, 12 de abril de 2008

¿Qué pensar de Harry Potter?

Harry Potter: ¿sortilegio de la mercadotecnia o hechizo literario?

Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios J. R. R. Tolkien.

En su cumpleaños número 11, Harry Potter, un pequeño y escuálido niño inglés -huérfano desde que tenía un año-, se entera de que es mago y por tanto debe asistir al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un estrafalario y desconocido gigante le hace este descubrimiento que abre, para Harry y sus lectores, un mundo plagado de emocionantes y sorprendentes aventuras.

Son ya cuatro volúmenes publicados de la serie de novelas de fantasía cuyo protagonista es el pequeño mago llamado Harry Potter. Traducidos a muchos idiomas, se han vendido por millones en todo el mundo. Las reseñas sobre los libros, su autora -su fantástica vida- y el fenómeno Potter acentúan dos aspectos: el comercial y la moda generalizada.

Así lo vemos, por ejemplo, en la vida de Joanne Katherine Rowling: parece un cuento de hadas, ya que después de diversas vicisitudes, entre ellas el fracaso de su matrimonio, regresó a Escocia con una hija de pocos meses. Sin trabajo, sólo con su seguro de desempleo, escribió su primer libro en los cafés de Edimburgo, con su hija. Incapaz de pagarse un juego de fotocopias, pasó el original varias veces a máquina y lo envió a un par de agentes literarios. Una respuesta salvadora cambió su vida.

Sí, parece cuento de hadas, pero no lo es. La calidad literaria de la autora no es obra de una varita mágica, aunque se valga de ellas en su literatura.

J. K. Rowling ha escrito cuatro volúmenes -y ha prometido otros tres- porque conoce el mundo de la literatura y sabe desenvolverse en él. Admiradora de dos de los más grandes autores ingleses de literatura fantástica del siglo XX, J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis, se suma a su movimiento y aporta su propia visión creando un mundo que atrae -como debe ser en la verdadera literatura fantástica- a todos.

No caeré en el error de decir que son obras que entretendrán a personas de 8 a 80 años, lugar común totalmente falso como la afirmación «todos llevamos un niño dentro». Frases así dañan terriblemente las obras al colocarlas como infantiles.

Es probable que quienes las emiten intenten superar el prejuicio racionalista y positivista revalorando los sentimientos, pero si un adulto aprecia un cuento de hadas generalmente se debe a su calidad literaria, no a ese falso infantilismo. «A los niños no les agradan los cuentos de hadas más que a los adultos, ni los entienden mejor que ellos»

Por otro lado, esas mismas personas suponen que las obras de fantasía «pueden pasar como» literatura, cuando en realidad son un género literario serio. Precisamente Tolkien levanta la voz y subraya que la literatura fantástica es tan literatura como Shakespeare, Cervantes o Dante. Y, por eso, se le exigirá tanto como a ellos y conmoverá tanto como ellos... o no es literatura.

LITERATURA PARA CONSUMISTAS

El mercado parece haber devorado la obra de Rowling; tras el fenómeno de Harry Potter y la piedra filosofal el mundo anglosajón esperó el segundo volumen con miles de reventas en Internet, y millares de niños con sus padres hicieron cola desde la madrugada frente a las librerías para obtener su ejemplar: Harry Potter y J. K. Rowling habían ingresado al mundo de la mercadotecnia como un producto más.

Desde entonces ese mundo se dedicó a enaltecer a la autora para obtener su producto y aprovechar las ganancias. Firmó contratos para cine y para la producción de juguetes, ropa y miles de subproductos basados en el universo de Harry y sus amigos.

¿Es malo ingresar al mercado? Depende. Para una obra literaria puede ser sumamente dañino, podría arriesgar su calidad, pero también puede ser el triunfo esperado por un autor para salir de la pobreza. Rowling lo consiguió: no tendrá que volver a copiar a mano un original para enviarlo a los editores. Según ciertos periodistas, su fortuna personal es de las más cuantiosas del Reino Unido y destina muchos beneficios a instituciones caritativas y de asistencia social.

¿El éxito comercial dañó la calidad de los siguientes volúmenes de Harry Potter? No. Para beneficio de todos, la calidad literaria de Rowling parece incrementarse en cada nuevo libro.

Sin embargo, que sea un producto de moda puede ser mal precedente. La peor recomendación que nos pueden hacer a muchos «lectores asiduos» es: «todo el mundo lo está leyendo». En la época de Homero seguramente era una buena recomendación, pues pocos y críticos lectores constituían ese «todo el mundo». Pero hoy los diarios de mayor tirada suelen ser los de menor calidad y otro tanto se puede decir de las revistas o de multitud de pasquines. Ése peligro corren los libros de Harry Potter.

¿MERCADOTECNIA O FANTASÍA?

Para considerar una obra como literatura de fantasía o cuento de hadas debe, entre otras cosas, dejar claro lo mismo que las obras clásicas: la diferencia entre bien y mal. Homero lo dice de continuo y los buenos libros de fantasía lo remachan. Eso precisamente vemos en Rowling.

La verdad del relato es asunto relativamente secundario, no porque los niños se dejen engañar más fácil que los adultos, sino porque si está bien construido despertará el interés de ambos y comprenderán que «eso» es verdad en ese mundo secundario creado por el narrador. «Los cuentos de hadas, como es obvio, no se ocupaban mayormente de lo posible, sino de lo deseable. Y sólo daban en el blanco si despertaban los deseos y, al mismo tiempo que los estimulaban hasta límites insufribles, también los satisfacían»

Cuando Hagrid, el gigante, le explica a Harry que es un mago importante, una de las primeras cosas que del mundo mágico es que existen magos buenos y malos, que se mezclan, es difícil identificarlos, y viven una batalla permanente. Lord Voldemort, líder de los malos, es «peor que peor» y pertenece al lado oscuro.

La distinción aparece de continuo a lo largo de la saga, al punto que el último capítulo del tomo IV, Harry Potter y el cáliz de fuego, describe cómo quedan las cosas para la gran batalla que afrontará el mundo mágico. En la despedida del curso de Hogwarts, Dumbledore, director del colegio y cabeza de quienes defienden el bien y la verdad, habla de un alumno fallecido: «Recuerden a Cedric. Recuérdenlo si en algún momento de su vida tienen que optar entre lo que está bien y lo que es cómodo, recuerden lo que le ocurrió a un muchacho que era bueno, amable y valiente, sólo porque se cruzó en el camino de lord Voldemort.» (T. IV, p. 626).

En Harry Potter el bien siempre se presenta como arduo, el mal como fácil y cómodo. El bien exige sacrificios mientras el mal pone cualquier medio para alcanzar su fin. Y quien dice el bien, dice el amor. Harry se salvó de la maldición asesina de lord Voldemort porque lo protegía el sacrificio amoroso de su madre, quien murió para salvarlo.

Pero una obra literaria no necesariamente es una moraleja, y menos un cuento de hadas. Harry Potter no reúne moralejas para mentes infantiles. Es ante todo una serie de aventuras con trama propia, con una estructura magníficamente estudiada y desarrollada, no sólo coherente, también con ese toque de suspenso e intriga que atrapa al lector y no lo suelta.

Sorprende que cada nueva novela añada páginas a las precedentes. Parece que conforme se sumerge en su mundo, Rowling descubre más personajes y aventuras, monstruos, enemigos y lugares nuevos. También es capaz de hacer relativamente autónoma cada entrega, se pueden leer por separado aun sin conocer las anteriores. Sin embargo, es recomendable seguir el orden natural para disfrutarlas mejor.

El humor salta con frecuencia para romper la tensión, por ejemplo, los personajes de los cuadros de Hogwarts tienen vida, se mueven, se visitan entre ellos, hablan, y eventualmente se les suben las copas en un festejo; o la frustración de Nick Casi-Decapitado, un fantasma del colegio, quien no puede integrarse a una orden de caballería de fantasmas decapitados por no poder jugar polo con su cabeza.

Lo mismo sucede con la ironía que refleja situaciones muy humanas, como la del profesor de la materia Defensa contra las Artes Oscuras, quien plaga su despacho de fotografías que por las noches se ponen tubos para ensortijarse el pelo y así mostrarlo más atractivo a las alumnas y admiradoras.

SIN CABOS SUELTOS

En la obra de Rowling no quedan cabos sueltos: su capacidad para entrelazarlos es tan amplia que nadie reclama saltos de una trama a otra, las ordena adecuadamente; deja una en suspenso, retoma otra y avanza hasta que cada elemento - una ventana abierta o la presencia de un insecto- queda justificado en algún momento del relato.

Es un trabajo sin soluciones fáciles, con el rigor necesario como para pedirle cuentas por un personaje que no actúa conforme a su carácter o queda excluido de la obra sin una explicación razonable. Rowling reconoció uno de esos fallos: Marcus Flint, alumno del 5° curso en Hogwarts en el primer libro, vuelve a aparecer en el tomo IV, cuando debía haber dejado el colegio porque sólo hay siete grados.

Como Rowling ha aumentado la extensión de los libros conforme aparecen, algunos piensan que el tomo IV, de más de 600 páginas, resulta arduo para mentes infantiles, pero los niños que leyeron los volúmenes anteriores se embeben también en éste porque consigue lo que tanto preocupa a literatos y maestros: atrapar su imaginación.

Sorprende, pues en ocasiones las frases no son sencillas, al menos en sus traducciones, y sin embargo al lector le resulta difícil dejar el libro: se encuentra con una trama en la que suspenso, miedo, situaciones inquietantes, lástima, dolor o alegría piden continuar con cada palabra, cada frase, cada párrafo, cada capítulo y cada nuevo libro.

Mientras intelectuales y educadores desarrollan planes para hacer leer a los escolares, Rowling lo logra con su magnífica pluma, estilo sugerente e imaginación dinámica que conecta con cualquier lector. Algo está pasando cuando niños desde 6 años buscan cada nuevo tomo de la serie y en las escuelas hablan con el lenguaje de los personajes de Rowling.

Me decía una persona que sólo por este hecho valdría la pena comprar y recomendar esos libros; no es argumento suficiente, hay muchos temas eróticos o sensacionalistas que pueden inducir a los adolescentes a la lectura, pero cuando se unen la calidad literaria y la distinción entre bien y mal, estamos frente a una obra poco común que crea el hábito de la lectura.

POCIONES PARA HECHIZAR MUGGLES

La receta de Rowling es imaginar un mundo fantástico con sus propias reglas, su propia lógica, con un sentido de realidad. Es lo que Tolkien llama creación de un mundo secundario «en el que tu mente puede entrar». En el mundo de Harry Potter los personajes mágicos y los no mágicos, muggles, se entrecruzan sin mezclarse. El trabajo principal del Ministerio de Magia «es impedir que los muggles sepan que todavía hay brujas y magos». La razón es clara, como bien le explica Hagrid: -Caramba, Harry, todos querrían soluciones mágicas para sus problemas. No, mejor que nos dejen tranquilos.

Desde el tomo I se distinguen el mundo primario, de nuestra vida cotidiana, y el secundario, también real dentro de su marco. Bins, el único profesor fantasma de Hogwarts, reclama este carácter para la historia de los magos frente a los mitos y leyendas que se difunden como bulos por los corredores del colegio:

«Ya basta -dijo bruscamente- ¡Es un mito! ¡No existe! ¡No hay el menor indicio de que Slytherin construyera semejante cuarto trasero! Me arrepiento de haberles relatado una leyenda tan absurda. Ahora volvamos, por favor, a la historia, a los hechos evidentes, creíbles y comprobables».

¿Qué profesor de historia no haría reclamo semejante ante un mito? Pero cuando el profesor es un fantasma y la asignatura es Historia de la Magia, las cosas cambian. No porque historia y profesor no sean reales, sino porque su realidad pertenece a otro mundo, al de la imaginación y la fantasía, con sus propias reglas y condiciones.

Por ejemplo, cuando Harry recibe una lechuza (medio de comunicación habitual entre los magos) del departamento Contra el Uso Indebido de la Magia, por usarla en el mundo muggle sin tener la edad permitida, y además lo amenazan con expulsarlo del colegio, siempre con la referencia a la fuente originaria de la norma: sección decimotercera de la Confederación Internacional del Estatuto Secreto de los Brujos.

Harry Potter es literatura, no un mero producto de consumo.

EN CASA DE INCRÉDULOS

Antes de su traslado a Hogwarts, Harry vivía con sus tíos, los Dursley, quienes lo despreciaban y humillaban. Esa dureza en el trato de sus familiares forja y define su carácter.

La historia comienza con la llegada del gigante Hagrid al islote donde Harry ha sido confinado por su tío Vernon.

En ese momento Harry descubre su verdadera identidad y la razón de que le sucedan cosas raras cuando se enoja o teme algo, como recuperar en una noche el pelo que su tía le cortó o liberar del zoológico a una boa gigante que habla.

¿Qué es? ¿Un cuento para niños, una chifladura punk o new age? Nada de eso. Nos encontramos ante un nuevo tipo de cuento de hadas en el más puro sentido tolkiano: «Un "cuento de hadas" es aquel que alude o hace uso de Fantasía, cualquiera que sea su finalidad primera: la sátira, la aventura, la enseñanza moral, la ilusión. La misma Fantasía puede tal vez traducirse, con mucho tino, por Magia, pero es una magia de talante y poder peculiares, en el polo opuesto a los vulgares recursos del mago laborioso y técnico. Hay una salvedad: lo único de lo que no hay que burlarse, si alguna burla hay en el cuento, es de la magia misma. Se la ha de tomar en serio en el relato, y no se la ha de poner en solfa ni se la ha de justificar»

Es cuento de hadas o fantástico, en el sentido de que se mueve en Fantasía. «Fantasía cuenta con muchas más cosas que elfos y hadas, con más incluso que enanos, brujas, gnomos, gigantes o dragones: cuenta con mares, con el sol, la luna y el cielo; con la tierra y todo cuanto ella contiene: árboles y pájaros, agua y piedra, vino y pan, y nosotros mismos, los hombres mortales, cuando quedamos hechizados».

Nos encontramos en un mundo diverso y familiar. Fantasía es una tierra que inventamos y a la vez descubrimos, autónoma e independiente, pero íntimamente ligada a nosotros. Es imposible escapar de su influjo, a menos que nos aqueje esa enfermedad de la vida llamada seriedad y «realismo», en el sentido más peyorativo que puede encerrar este término. Porque Fantasía es una tierra alegre y triste, apacible y peligrosa, llena de aventuras, con «un peligro siempre presente» y que requiere de la capacidad de «imaginar».

En el mundo de Rowling cada personaje es humano -incluso los fantasmas, que alguna vez lo fueron- pero se mueve en un universo distinto. Construye personajes definidos, con características propias, muy humanas. Cada cual padece lo propio de su edad y condición: niño o adulto, profesor o alumno, y todos los sentimientos, pasiones y vicisitudes: pereza, valentía, debilidad, soberbia, humildad...

HARRY, SUS AMIGOS Y HOMÓNIMOS

Potter es sencillo, humilde, pero de carácter fuerte. Cuando Hagrid, el gigante, le dice que en el mundo mágico es famoso y en el pub El Caldero Chorreante lo saludan con admiración los parroquianos -magos y hechiceras-, se siente extraño, como si esa admiración y devoción fueran un error; no se considera el mago más famoso que venció al malvado Voldemort, sin siquiera habérselo propuesto, porque nadie puede hacerlo al año de edad.

Harry crece conforme se desarrolla la historia, y sus valores o virtudes crecen por igual, sin estar exento de la debilidad, la ira, el temor, los deseos de venganza, la humillación.

Me parece que también aquí Rowling es deudora de Tolkien. Harry posee características semejantes a Frodo Bolsón, el protagonista de El Señor de los Anillos; seguramente la mayor es considerarse incapaz para la misión que recibe sin buscarla. Pero aparecen igualmente arrojo, valentía, generosidad, ingenio, optimismo y confianza en el personaje protector: Dumbledore, quien aquí ocupa el lugar de Gandalf tiene en El Señor de los Anillos, con las salvedades del caso.
Pero mientras Frodo es adulto, Harry es niño y sus reacciones, debilidades y actitudes son infantiles: le da flojera estudiar, le gusta hacer travesuras y platicar en clase. No es un adulto chiquito. Si lo comparo con Frodo es por la reminiscencia que causa, no porque deban compararse. Son historias diferentes pero similares por pertenecer a Fantasía. El Señor de los Anillos es una historia épica, mientras que Harry Potter es un conjunto de aventuras donde los niños juegan el papel protagónico.

La magia de Harry Potter es deudora de Tolkien y Lewis, pues su autora conoce y admira a ambos, mas no es su repetidora.

El mejor amigo de Harry, Ron, es el penúltimo hijo de los Weasley, una familia pobre. Su pobreza obedece en parte a que son siete hijos. El señor Weasley es un hombre común y corriente, trabaja en el Ministerio de Magia y recibe un sueldo modesto. La madre se afana en los quehaceres del hogar, pues sus recursos no alcanzan para contratar una «elfina doméstica». Su hogar es una casa con añadidos donde viven apretados.

Contrastan con otras dos familias que han aparecido hasta el momento: los Dursley del mundo muggle y los Malfoy del mundo mágico, ambas con hijo único, amplios recursos económicos, una soberbia mayúscula y falta de humanidad y de alegría verdadera, carecen del cariño natural y humano de un hogar.

Hermione Granger, amiga inseparable de Harry y Ron, es una sabelotodo que sólo vive para estudiar. En el cuarto volumen sorprende a todos al conquistar el corazón del jugador estrella de los mundiales de quidditch (un deporte apasionante en el mundo de los magos que, por supuesto, se juega en escobas voladoras). Pero Hermione tampoco es soberbia, soporta el desprecio de cierto sector del mundo mágico por ser hija de muggles, es decir, no es bruja de sangre limpia.
En los personajes vemos, como en un espejo, para seguir parafraseando a Tolkien, los caracteres de personas reales. No porque Rowling lleve a sus historias gente concreta, sino porque resultan verosímiles. Discusiones, pleitos, alegrías y aventuras similares se dan en las escuelas de todo el mundo. A los adultos también les interesan porque en esos niños ven reflejados a los suyos, a otros, e incluso a ellos mismos.

¿MAGIA DIABÓLICA?

Con el éxito editorial y comercial han venido críticas, debates, discusiones y ataques. Incluso se ha acusado a estos libros de inducir a los niños al mal a través de la magia y el vudú. No han faltado críticas en el asunto de Harry Potter por muchos católicos bien intencionados donde se hacen llamados a los padres para que impidan a sus hijos leer los cuentos de Harry Potter.

Lo primero que debemos reconocer es la distinción de dos mundos. Así como en el nuestro rigen las leyes de la naturaleza, en el otro esas leyes pueden ser superadas por técnicas mágicas. Pero, ¿se trata de acciones buenas o malas? Depende. En el mundo mágico de Harry Potter encontramos nítidamente diferenciados los actores buenos y los malos, los personajes viles y los heroicos, quienes desean el reinado del poder por el poder y quienes buscan un desarrollo «natural» que persigue el bien y la verdad.

Harry se encuentra en medio de esta batalla. Su natural carácter lo ha inducido siempre a reconocer y perseguir el bien, pero ha sido decisión propia asumir riesgos mortales para defender este fin. En cada aventura, además, se enfrenta a otros dilemas profundos, como pensar que ciertos personajes son buenos cuando en realidad esconden su malicia, y viceversa.

Una de las mayores riquezas del mundo creado por Rowling es su trasfondo antropológico. Precisamente esa continua sorpresa de no saber quién de los personajes es bueno y quién es malo. Al final se define el carácter moral de cada uno y nos admira esa bondad no descubierta o esa maldad increíblemente escondida. Pero también porque no están determinados a ser buenos o malos, sino que enfrentan su realidad con sus personales elecciones que los convierten en héroes o villanos.

En el corazón del hombre, al menos desde la caída del pecado original, campean el bien y el mal. Cada uno, con sus propias elecciones y acciones va forjando su ser virtuoso o vicioso. Sólo que, como magistralmente dice Tolkien en El Señor de los Anillos, no puede haber alguien tan malvado que no tenga algo de bien en su corazón y pueda elegirlo en el momento culminante de su vida.

NADA POR AQUÍ, NADA POR ALLÁ

Al debatir este tema, la Agencia Católica de Informaciones (ACIprensa, en Internet), envió un excelente servicio del 6 de agosto de 2001, que enfrenta esos temores que han acuciado a algunos católicos y asustado a ciertas mentes proclives a encontrar al demonio por doquier. El servicio recoge las declaraciones del crítico literario Alan Jacobs, quien se sorprende de que esas personas no se asusten ni traten con el mismo rigor a la técnica contemporánea, en manos de niños y adultos. Para Jacobs, el mundo mágico de Rowling es una metáfora de la tecnología y del papel dominante que cumple en nuestra sociedad. Recuerda que ya para Francis Bacon la ciencia y la magia han sido hermanas en la pretensión de controlar la naturaleza, el mundo y al hombre.
¿Qué es más peligroso -me pregunto-: la maldición asesina «Avada Kedavra» en las manos de lord Voldemort, o la bomba nuclear y la ingeniería genética manipuladora de una posible clonación humana? Hoy sabemos que la tecnología sustituyó desde hace mucho a la magia y pertenece a este mundo primario en el que vivimos.

¿Ocultismo? Son realmente divertidas las narraciones sobre las clases y lo chusco de las materias, como para que alguien pueda creer que son verdad en nuestro contexto. Es tarea de padres y maestros enriquecer a los niños con los productos de su imaginación y enseñarlos a distinguirlos del mundo real.

Tal como plantean las cosas algunos de los críticos que apasionadamente critican el tema, Cri-Cri sería un ser cruento y despiadado que enseña a los niños la crudeza del padre desobligado (La Patita) y la falta de cariño entre los seres (El comal y la olla).

He leído los libros de Rowling dos veces para escribir con responsabilidad, máxime tras leer esas críticas. Sin embargo, no encuentro la santería o el vudú como tampoco la difusión de doctrinas neopaganas, de druidas y «wiccans». En cambio, sí encuentro pasajes donde destacan valores como el desprendimiento personal (la generosidad de Harry para con Ron), el heroísmo para luchar contra el mal a fin de salvar a inocentes (cuando Harry salva a Ginny o Ron se sacrifica en un peculiar juego de ajedrez para que Harry haga jaque mate), una valoración de la familia numerosa y de la riqueza personal sobre la material... y muchos otros valores que la misma autora ha reconocido que proceden de su formación cristiana.

Queda un punto por comentar, ¿ese mundo mágico presentado tan amable y agradablemente no induce hacia un sucedáneo de la religión, que sería el new age? Ciertamente, en manos de padres y educadores está que los niños sepan distinguir entre una y otro.

UN NUEVO MUNDO DE HADAS

En el contexto de magos y hechiceras, ¿qué tipo de cuento es éste? Reitero, ser magos y brujas es la condición natural en el mundo secundario de Rowling. Y es parte del atractivo que lleva a gente de todas las edades a buscar el último ejemplar, a recomendarlo o regalarlo. Son cuentos que pertenecen a Fantasía, no son promotores de magia negra.

Pensemos, por ejemplo, cómo juega Rowling con dos factores que encuadran la existencia humana y que en Fantasía son superados de formas inesperadas: el tiempo y el espacio. Durante todo un curso escolar Hermione consigue asistir a dos clases simultáneas en lugares alejados, práctica que le permitirá resolver y evitar un drama.

Si con Harry Potter y la piedra filosofal descubrimos un mundo nuevo en el universo de Fantasía, con las otras tres novelas disfrutamos la riqueza de ese universo, la pluralidad de vetas y rocas inimaginables en el mundo primario. Los niños se deleitan con la variedad de golosinas mientras los adultos se admiran por lo increíble e impredecible del ser humano retratado en los distintos personajes.

Quizá uno de los efectos mejor logrados por Rowling es esconder hasta el final de cada novela la verdadera identidad del nuevo protagonista. En este terreno plasma de maravilla aquella lección que otro anglosajón, Chesterton, trató en El Club de los Incomprendidos, que también podría haberse llamado «Las apariencias engañan».

La saga de Harry Potter ofrece la riqueza de personajes y situaciones dignos de una gran escritora, y la fecundidad y magia del mundo de Fantasía, que admiran y gustan a todo lector de este género, mar en el que tantos naufragan.

La fecundidad de Fantasía es un peligro si el navegante no es un piloto experto capaz de sortear las rocas y caídas de los arrecifes en sus veloces aventuras, o si se pierde en una navegación sin timón por ese mar apacible con corrientes ocultas y ausencia de viento que pueden conducir al aburrimiento y al tedio.

Joanne K. Rowling posee el don natural enriquecido con la profundidad del estudio y conocimiento de los clásicos que le permite ser campeona de esos ríos y mares. Por eso no debe extrañarnos que los adultos lean las novelas de Harry Potter con tanta fruición como los niños: sin duda nos encontramos frente a una literatura de calidad.

Datos curriculares

Ignacio Ruiz Velasco N. es Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana. Doctor en Filosofía por el Ateneo Académico Romano, Italia. Estudios de Maestría en Comunicación por la Universidad Panamericana. Ha sido profesor en el ITAM y en la Universidad Panamericana.
Cfr. J. R. R. TOLKIEN. Los monstruos y los críticos y otros ensayos. Minotauro. Barcelona, 1998. p. 159.

IBID., p. 160.

IBID., p. 163, n. 23: «A mí me han preguntado con mucha mayor frecuencia: "¿Era bueno? ¿Era malo?" Es decir, que [los niños] estaban más interesados por deslindar el lado Bueno del Malo. Y ésa es una pregunta importante tanto en Historia como en Fantasía».

IBID., p. 164.

IBID., p. 162.

IBID., pp. 140-141.

IBID., p. 140

Publicado en la revista Istmo, No. 257, noviembre-diciembre 2001.

lunes, 22 de octubre de 2007

«La sangre del pelícano», la novela de intriga espiritual irrumpe en el Vaticano

«La sangre del pelícano» (editorial «Libros libres») se ha convertido en las últimas semanas en uno de los «thrillers» espirituales de más éxito en español.

Su autor, Miguel Aranguren (1970), confiesa en esta entrevista que con su séptima novela ha querido «demostrar que la intriga espiritual no puede ser patrimonio de los que atacan a la Iglesia».

Todo comienza en los jardines de Villa Borghese (Roma), cuando un cadáver decapitado aparece entre la foresta. El padre Albertino Guiotta ha sido guiado hasta all&iacut! e; por un anónimo que ha aparecido en el confesionario de su parroquia. Todo hace presumir que una secta satánica está decidida a dar el último y definitivo golpe a la Iglesia ya que, al mismo tiempo, un convento de clausura del Albaicín (Granada) vive con perplejidad unos ataques desagradables y recurrentes y en Cantón (China), los católicos perseguidos parecen dispuestos a sufrir una dura persecución a causa de su fe. Por si fuera poco, Aranguren entrelaza otras dos tramas: la que ha paralizado a la racionalista Francia ante los espectáculos espirituales de un santón gnóstico, obsesionado en confrontar sus fuerzas sobrenaturales con el mismísimo Papa; y la batalla que se disputan en las Naciones Unidas dos mujeres de fines opuestos. Al final, de fondo, el lector se enfrenta ante la lucha entre el bien o el mal.

Somos conscientes de que podemos desvelar muy pocas co! sas más acerca de la trama de «La sangre del pelícano». En todo caso, la novela comienza con una extraña sensación de oscuridad en el alma del padre Albertino Guiotta (protagonista indiscutible de la novela), como si se preparara una terrible tormenta espiritual sobre Roma, y finaliza con una sonora carcajada por parte del cura. ¿Era su intención, al escribir esta novela, mostrar los contrastes entre el bien y el mal?

Bien y mal, virtud y vicio, gracia y pecado son conceptos antagónicos que aparecen constantemente en la novela. Es más, «La sangre del pelícano» está ambientada en un tiempo próximo en el que la sociedad ha rechazado, de alguna manera, la posibilidad del pecado. Pero el pecado existe. Comenzó con la caída de nuestros primeros padres y finalizará con la Parusía, el regreso de Cristo, Rey de la Historia, para juzgar a vivos y a muertos. Mientras tanto, la batalla entre el bien y el mal no conocerá descanso. Pero ya decía Pablo VI que el demonio se aprovecha de este descreimiento universal sobre su perversa figura, a pesar de que pocas veces puedan encontrarse tantas sectas y movimientos vinculados al príncipe de la mentira, al mismo tiempo que pocos momentos de la historia disfrutan de testimonios de santidad tan vivos como los de estos últimos cien o ciento cincuenta años.

Pensábamos que la marea de «El código da Vinci» ya había pasado. Sin embargo, «La sangre del pelícano» parece advertir que el género del misterio espiritual no se acabó en la obra de Dawn Brown.

No sólo no se ha acabado con «El código da Vinci» ni con otras novelas que aprovecharon el tirón comercial de aquel libro. Es más, aquella literatura-basura prostituyó un género que no puede manejar quien no tenga fe, salvo que le sea ajeno el riesgo de caer en la desinformación (como le ocurría a Brown) o directamente en la calumnia. El misterio de la salvación del hombre es inmenso y da pie a muchas recreaciones, también literarias. Los medios de comunicación, por desgracia, ofrecen también una imagen interesadamente sesgada de la Iglesia y sus obras. ¿Por qué no, entonces, lanzarse a la elaboración de una novela que conjugue todas estas ausencias? Es decir, existía la necesidad de mostrar, mediante las peripecias de una serie de personajes, qué es la Iglesia, cuál es el papel de la gracia, qué es el perdón y la misericordia, cuál es el valor de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, quiénes fueron las figuras egregias del cristianismo del siglo XX, etc.

¿Se atrevería a señalar a los lectores de Zenit cuáles son las manifestaciones actuales del mal?

La verdad es que prefiero hablar en positivo. Como antes decía, y a pesar de que en general los medios de comunicación no lo reflejen, en todos los rincones del mundo hay testimonios auténticos de santidad, de heroísmo en la práctica habitual de las virtudes. Pero el mal está ahí, bien representado, por ejemplo, por la «cultura de la muerte», presente también en «La sangre del pelícano». El aborto, la manipulación de embriones, la eutanasia…, acaban con el destino trascendente del hombre, lo cosifican, eliminan de él toda su dignidad, esa que nos hace superiores y dueños de todas las criaturas, ajenos al paso del tiempo, a la misma muerte, que no es nuestro destino irremediable si! no un paso misterioso hacia una vida totalmente plena.

¿Qué pretende recoger con el título de la novela? «La sangre del pelícano» habla de un ave herida y en su portada, además, aparece la inquietante esvástica nazi, de tan horribles recuerdos.

La imagen del pelícano que se hiere a sí mismo para alimentar a sus crías en tiempos de carestía fue utilizada por los primeros cristianos para representar de forma figurada a Jesucristo y a la Eucaristía. El propio canto eucarístico «Adoro te devote», santo Tomás se refiere a Jesús como a ese bondadoso pelícano que nos entrega su carne y su sangre como prenda de salvación. En la novela esta presencia salvadora y misteriosa de Jesús sacramentado está presente, sobre todo, en la esperanza del Santo Padre, al que no vacila su fe como no vaciló la de los primeros cristianos en las que fueron algunas de las más terribles persecuciones de la historia de la Iglesia. Y sobre la esvástica nazi, la portada de la novela no hace otra cosa que anunciar lo que el lector va a encontrarse dentro del libro: que el demonio utilizó la ambición de Adolf Hitler y otros canallas de la historia para intentar acabar con el bien.

¿Cómo aceptará su novela un lector no creyente?

Supongo que disfrutará con su lectura, ya que por encima de este diálogo de aires teológicos que estamos manteniendo, se trata de una novela de intriga, de puro entretenimiento, de una batalla en la que los «buenos» necesitan sagacidad ante las enormes dificultades que les ponen aquellos que quieren que triunfe el mal. El lector, de esta manera, puede también participar buscando la manera de ayudar al padre Albertino y al comisario Luigi Monticone, el antihéroe de esta novela.

Por último, en «Las sangre del pelícano» se mezcla realidad y ficción a juzgar por la aparición de la Madre Teresa de Calcuta y de Juan Pablo II en el entramado de una historia ficticia.

He comentado en otros lugares que Juan Pablo II (que en la novela ya ha sido proclamado santo por la Iglesia) y la Madre Teresa de Calcuta son algo más que personajes históricos. Su paso por la tierra ha removido a mucha gente pública y a muchísima más que pertenece al anonimato de los pueblos. Yo mismo me siento deudor de su vida, gestos y palabras. En «La sangre del pelícano» juegan un papel fundamental en el padre Albertino Guiotta, ya que antes de su conversión tuvo cierto trato con una secta satánica y para su posterior ordenación sacerdotal precisó de la intervención directa del Papa polaco que, además, alimenta a la Iglesia perseguida de China. La Madre Teresa fue interlocutora directa de Albertino, pero no puedo contar más…

Más información en www.miguelaranguren.com y en www.libroslibres.com

MADRID, lunes, 15 octubre 2007 (ZENIT.org)


domingo, 21 de octubre de 2007

Tomás Moro, un hombre para todas las horas


Tomás Moro (1478-1535) fue uno de los grandes humanistas del Renacimiento, erudito, escritor, polemista, abogado, juez, político, diplomático, y finalmente Lord Canciller de Inglaterra (el primer Lord Canciller laico en varios siglos). También fue un hombre hogareño, modelo de esposo y de padre, y amigo de sus amigos; entre éstos se encuentran los más destacados humanistas de su tiempo, como Erasmo de Rotterdam y Luis Vives.

Su trágica muerte –condenado a la pena capital por negarse a reconocer a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia de Inglaterra– es un modelo de fidelidad a la Iglesia y a la propia conciencia, y representa la lucha de la libertad individual frente al poder organizado.

En 1557 su yerno, William Roper, escribió su primera biografía. Desde su canonización, en 1935, se han publicado muchas otras de diferente valor. El libro de Álvaro Silva, que también tradujo y editó obras de Moro y la correspondencia del humanista, no es una biografía, aunque recorra buena parte de su vida, sino un viaje a la cabeza y al corazón de Moro, a través de sus escritos.
Reconoce Silva que el género biográfico es siempre contemporáneo, pues hay demasiados elementos de esa época que nunca llegaremos a interpretar correctamente; pero admite que ésa no es una razón para dejar de intentar acercarse al personaje y hacerlo lo mejor posible.

Silva aborda el tema en cinco capítulos originales y de extraordinario valor por su seriedad y penetrante análisis. El primero y principal trata de Utopía: no sólo del contenido del libro más famoso de Moro, sino de lo que es en sí y lo que supuso para Moro. Explica Silva que Utopía es un “modelo” de reforma, un ejercicio mental realizado por un gran humanista, que enseña a pensar y da las claves de la mente del humanista (y hace soñar lo que podría haber sido una reforma de la Iglesia desde dentro, sin Lutero). Este capítulo da una pauta que seguirá Silva a lo largo del libro; los puntos concretos que estudia y muestra los relacionará con la vida posterior de Moro.

Los otros capítulos, menos densos, pero no menos enjundiosos, comienzan por “Moro lector”, que explora sus hábitos de lectura: tanto los textos que escogía como su manera de tratarlos y valorarlos. “Las mujeres de Moro” habla no sólo de sus mujeres e hijas, sino de toda su forma de tratar a “la otra mitad del mundo” en una época completamente machista. “Moro y los herejes” recuerda muy particularmente la ruptura de la cristiandad, sus desvelos por salvaguardar la integridad de la fe desde la política, su labor como polemista –lo peor de su obra escrita– y su evolución hacia posturas más tolerantes. “El martirio y el arte de vivir” y “¿La conciencia de Moro o el cabezota de Moro?” coronan una vida plena, cuya características principales –sus peores enemigos lo reconocen– es la sinceridad y la coherencia.

El libro de Silva es una delicia que invita a leer las obras de Moro y a conocer más una época apasionante; también exige un cierto conocimiento previo de la vida del Canciller, como el que pueden proporcionar las biografías escritas por Andrés Vázquez de Prada o Peter Berglar.

Autor: Álvaro de Silva
Marcial Pons. Madrid (2007). 264 págs. 22 €.
Firmado por Fernando Gil-Delgado Fecha: 17 Octubre 2007

domingo, 14 de octubre de 2007

"Los 7 mitos de las madres trabajadoras"

Las mujeres han ganado la libertad para incorporarse al mercado laboral, para “trabajar fuera de casa”. Pero, ¿respeta nuestra cultura la libertad de las mujeres que deciden no trabajar? En el fondo, ¿no hay una presión ambiental que menosprecia a las madres que deciden no trabajar fuera de casa? ¿Nuestra sociedad valora adecuadamente el trabajo de las mujeres en casa?

Por otra parte, las mujeres reciben otro mensaje profundamente injusto: Es posible tener una carrera profesional competitiva, lo que significa un trabajo de muchas horas diarias, y criar a los hijos cuando son pequeños. Es sólo “cuestión de organización”. Pero los permanentes “testimonios ejemplares” de estas superwoman llevan una carga envenenada: Si tú no lo puedes hacer es por tu culpa, es porque no eres suficientemente buena.

El resultado es el estrés y la frustración de muchas mujeres, la permanente sensación de que no llegan a todo y de que no están “dando la talla”.

Este libro es un alegato liberador para las mujeres de hoy en día. No es posible hacerlo todo al máximo. La vida conlleva elecciones y hay que valorar las consecuencias de cada una. Y si la maternidad estuviese justamente reconocida en nuestra sociedad y las mujeres fueran libres para elegir, muchas se librarían de esa tensión que la actual cultura dominante les impone.

Una cultura injusta que pretende imponerse

Los 7 mitos de las madres trabajadoras aborda valientemente estas cuestiones, que están siendo objeto de fuertes debates en Estados Unidos, donde las mujeres, después de demostrar de lo que son capaces profesionalmente, quieren recuperar ahora la auténtica libertad para poder elegir sobre su vida familiar.

Suzanne Venker ha sido durante años profesora de secundaria. Escritora y madre a tiempo completo, vive en St. Louis.

Por: Suzanne Venker

jueves, 27 de septiembre de 2007

Escritores conversos


Pearce presenta aquí la extraordinaria floración de hombres y mujeres de letras, o artistas, que a lo largo del siglo XX en Inglaterra se hicieron propagadores de la fe. En su mayoría eran conversos al catolicismo (Chesterton, Knox, Benson, Dawson, Waugh, Spark...); otros se acercaron o volvieron a la Iglesia anglicana (Lewis, Eliot); hubo también quienes desde niños eran católicos (Belloc, Tolkien) o anglicanos (Sayers).

Con sus plumas y sus voces mostraron el vigor intelectual del cristianismo, dieron la réplica a las ideologías ateas, renovaron la apologética y ofrecieron respuestas a las crisis espirituales de su tiempo. Escribieron testimonios de sus conversiones que han acercado a la Iglesia a gran número de lectores.Esta obra es de un auténtico especialista.

Pearce es autor de biografías y estudios sobre Chesterton, Belloc, Tolkien, Wilde, Roy Campbell, Lewis, E.F. Schumacher. Aporta muy abundante información, en parte inédita, fruto de investigaciones propias. La organiza siguiendo la cronología del siglo: cada capítulo muestra un periodo, o un tema, en el que intervienen varios conversos. Los más señalados entran en escena repetidamente, en distintas fases de sus vidas. Esto facilita al autor traer a colación las relaciones –por el trato personal o por las obras– entre muchos de ellos.
El inconveniente es que en realidad Pearce pocas veces se detiene en las relaciones; sobre todo, habla de cada quien uno por uno y pasa al siguiente no siempre con motivo claro, a veces por mera asociación de ideas.El libro, en fin, es mucho más una colección de historias personales –varias decenas– que el análisis o tan siquiera la crónica de un fenómeno. La profusión de datos oculta el panorama.

Pearce no termina de explicarnos aquel hervor iniciado por Newman que llevó a tantos intelectuales a la fe, aquel movimiento en las mentalidades y en la cultura, aquel prestigio y atractivo que adquirió la Iglesia católica en el ámbito anglosajón. De todas formas, Escritores conversos tiene interés sobrado porque transmite eficazmente la fuerza y autenticidad de las vidas que relata.

Firmado por
Rafael Serrano Fecha: 19 Septiembre 2007
Aceprensa.com

miércoles, 26 de septiembre de 2007

La libertad en la encrucijada

On Ordered Liberty
Autor: Samuel Gregg
Ciudadela. Madrid (2007). 215 págs. 7,50 €. Traducción: María de los Ángeles Barros Cabalar.

El norteamericano Samuel Gregg ha centrado sus trabajos en el ámbito de la ética y la vida pública, con el estudio de destacados representantes del pensamiento político como Hobbes, Hume, Tocqueville, Acton, Hayek o Rawls. Pero uno de los autores que más influye en su discurso es el Tocqueville de La democracia en América, donde más de siglo y medio después se pueden encontrar intuiciones y respuestas sobre las sociedades democráticas. En ellas se idolatra la libertad pero en muchos casos se trata de una libertad que quiere prescindir del orden, o si se prefiere de la razón, y bastarse a sí misma. El resultado no es otro que la progresiva desvinculación de la democracia y la ética, al mismo tiempo que de la religión, y con un marco social fuertemente influido por el relativismo y el individualismo: toda una paradoja si se cree que la democracia equivale a la lucha por la igualdad.

Gregg resalta la influencia del utilitarismo en esta deriva que al final sólo puede ser irracionalista, pues está salpicada por ese emotivismo moral que triunfa en nuestras sociedades posmodernas. Acaso Hume tuvo parte de responsabilidad al afirmar que la razón debe ser esclava de las pasiones; pero cierta filosofía política sigue insistiendo en que el utilitarismo es la única vía para la razón. Desecharlo sería caer en actitudes que exaltan la fuerza del coraje o del espíritu, con tan nefastas consecuencias a lo largo del siglo XX.

Nuestro autor, sin embargo, sale al paso de un utilitarismo que, a base de predicar la eficacia, cae en el relativismo y llega a creer que no existen el bien y el mal si se actúa libremente. Nos recuerda Gregg que por ese camino, en la línea de la filosofía de Rorty, deja de ser obligatorio combatir a las tiranías.

La gran confusión de las sociedades libres es que el Estado de Derecho se ha identificado con el triunfo de la voluntad, y no con actuar de acuerdo con la recta razón. De ahí que Gregg resalte que en ocasiones los dictadores, como Robespierre o Stalin, han sabido hacer suyos el lenguaje de los derechos, pues ellos se sentían autorizados para imponer las reglas de un mundo perfecto. Una vez más, como ya señalara Tocqueville, todo depende de la visión que se tenga del hombre. Por otra parte, el católico Gregg termina recordando una obviedad muchas veces olvidada: el reino de Dios no es de este mundo, y tan equivocado es tener nostalgia del mundo anterior a 1789 como imitar acríticamente a la modernidad secularista.

Firmado por Antonio R. Rubio
Fecha: 19 Septiembre 2007

viernes, 24 de agosto de 2007

'Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental', por Thomas E. Woods Jr.

Además de Grecia y Roma, el cristianismo aportó una liberación de la razón: universidades, cinetíficos, derechos y cultura.

La era de la información es también la de los tópicos. Se queja el autor de la imagen sesgada, cuando no directamente manipulada que tienen los americanos de la Iglesia católica y de su historia. Digamos que, lamentablemente, lo mismo pasa en Europa y que, incluso los mismos creyentes contemplan su pasado con una mezcla de resignación y sonrojo.

Lo cierto es que sin la Iglesia Europa no existiría como tal y por tanto tampoco la cultura occidental. Esta verdad, conocida por los estudiosos que no se acercan a los hechos con las anteojeras del anticlericalismo, no ha llegado al amplio público que sigue viviendo de los slogans que repiten los medios y cacarean los pedantes desde los púlpitos del resentimiento. Hacen falta obras divulgativas que den a conocer el papel decisivo del cristianismo. Estamos ante una de ellas.

Thomas E. Woods aprovecha las investigaciones recientes que empiezan a hacer justicia al pasado y ponen en evidencia que, sin el catolicismo, Europa no habría pasado del estado de barbarie. Para ilustrarlo sigue un método bien simple. Toma en consideración algunos puntos importantes: la ciencia, la Universidad, el Arte, la economía, el Derecho… y muestra como la Iglesia fue la matriz decisiva para su progreso.

Es cierto que la cultura occidental bebe también de otras fuentes, como Grecia o Roma, que fue una especie de cruce de caminos actuando de transmisora de los mejor de la cultura antigua, pero el cristianismo aporta un factor decisivo.

Simplificando podríamos decir que libera a la razón y la conduce hacia lugares que pensaba imposibles. Es por ello que mientras la cultura china colapsa, a pesar de haber hecho algunos descubrimientos antes que Occidente, en Europa alcanza verdadera carta de naturaleza.

Haciendo un poco de historia

Muy interesante el apunte sobre el papel de la Edad Media al respecto, que de oscuro
no tiene más que las legañas con que la miran los orgullosos ilustrados.

Pero, además, ¿por qué el papado protege y alienta las Universidades? ¿Sabe alguien hoy que muchos científicos fueron religiosos o sacerdotes? ¿Se reconoce el papel de los monjes y los monasterios en la educación de lo que después sería Europa y que gracias a ellos muchas tierras baldías se volvieron cultivables?

¿Por qué se ignora que el Derecho internacional, de gentes en la terminología de la época, nació en la Universidad de Salamanca de la mano de sesudos dominicos? Estas y muchas otras preguntas dejarán de hacerse después de la lectura de este ameno e informado libro.

Lo recomendamos para el lector medio, pero especialmente para el estudiante que ha de soportar la vacuidad de la LOE en los centros de enseñanza media. Una vez más la divulgación no significa pérdida de calidad en la exposición ni de rigor.

lunes, 20 de agosto de 2007

Harrry Potter and the Deathly Hallows

Como era de suponer, en este libro todo está orientado a ir respondiendo a las preguntas que habían quedado en el aire. Poco a poco, se van recomponiendo los sucesos del pasado y se aclaran los misterios: el origen de la particular unión mental de Harry con Voldemort, el papel que juega Snape, las razones y los pasos en falso de Dumbledore... No hay elementos o personajes nuevos que sean dominantes y, como en las demás novelas, la autora usa la misma estrategia narrativa de dosificar la información cuidadosamente.

Esta vez las novedades se han de buscar en las situaciones, como la boda entre Bill Weasley y Fleur Delacourt, en algunos encantamientos, como la sensacional capacidad del pequeño bolso de Hermione gracias al “Undetectable Extension Charm”, en la fuerte personalidad de algunos secundarios como Griphook, un goblin con un carácter resentido y malhumorado como el de los enanos de Tolkien.

Como corresponde a un argumento de persecución, hay menos lugar para la broma y más situaciones de tensión: escenas de acción con salvaciones en el último momento; momentos de lucha interior de Harry en torno a qué debe hacer y qué no; peleas dialécticas con intercambio de reproches y arrepentimientos posteriores.

Queda de relieve el talento de Rowling para construir una trama intrincada que no se le va de las manos –se ve que sabía bien lo que hacía desde los comienzos–, y que resulta convincente para el lector interesado –todo tiene lógica interna e incluso son aceptables las opciones por caminos más cómodos–.

Todo se va aclarando con admirable coherencia

En cuanto a los contenidos, a lo largo del relato se subrayan algunas ideas ya conocidas. En lo que tiene de novela de pandilla, la importancia de una amistad leal, de combatir los celos y las rivalidades egoístas, de comprender a los demás y saber rectificar. En lo que tiene de novela colegial, sobre todo se destaca que los chicos piden a sus educadores que sean coherentes y que les cuenten la verdad: buena parte de los conflictos interiores de Harry se centran en esto. En lo que tiene de novela de aventuras, se carga el acento en la responsabilidad del héroe y en que la inconsciencia propia de la edad no es un argumento para justificar algunas elecciones morales: a Harry le molesta que se intente justificar a un adulto que se comportó mal cuando era joven... como él lo es ahora.

En torno a la muerte

De todos modos, el tema central de esta historia es la muerte, como ya el título sugiere, y el poder salvador del amor. Cuando, en la tumba de sus padres, Harry lee la inscripción “El último enemigo que será destruido es la muerte”, manifiesta su sorpresa y Hermione le aclara que eso no significa derrotar la muerte tal como lo entienden los Death Eaters; «eso significa... vivir más allá de la muerte, vivir después de la muerte».

Más tarde, a Harry le queda claro que se ha de aceptar la muerte y que “hay cosas en el mundo que son mucho peores que morir”. Y, más adelante, recibe otro consejo en esa dirección: “No tengas compasión de los muertos, Harry, ten compasión de los vivos y, sobre todo, de los que viven sin amor”.

Se puede apuntar también que, como muchos leerán esta novela con lupa, seguramente adquirirá relevancia la discusión acerca de la figura de Dumbledore. Se cuentan con detalle sus errores de juventud y sus coqueteos con el deseo de poder, un eco del tema central de El señor de los anillos, y se revelan los aspectos de su conducta que no quedaron claros en anteriores relatos. Sin embargo, habrá quienes piensen que sus tácticas son más que discutibles, tanto en sus planteamientos educativos como en sus decisiones de combate contra sus enemigos. Por eso quizá convenga terminar recordando, una vez más, que nos encontramos ante una novela de aventuras y no ante un tratado educativo.tumba de sus padres, Harry lee la inscripción “El último enemigo que será destruido es la muerte”, manifiesta su sorpresa y Hermione le aclara que eso no significa derrotar la muerte tal como lo entienden los Death Eaters; «eso significa... vivir más allá de la muerte, vivir después de la muerte».

Más tarde, a Harry le queda claro que se ha de aceptar la muerte y que “hay cosas en el mundo que son mucho peores que morir”. Y, más adelante, recibe otro consejo en esa dirección: “No tengas compasión de los muertos, Harry, ten compasión de los vivos y, sobre todo, de los que viven sin amor”.

Se puede apuntar también que, como muchos leerán esta novela con lupa, seguramente adquirirá relevancia la discusión acerca de la figura de Dumbledore. Se cuentan con detalle sus errores de juventud y sus coqueteos con el deseo de poder, un eco del tema central de El señor de los anillos, y se revelan los aspectos de su conducta que no quedaron claros en anteriores relatos. Sin embargo, habrá quienes piensen que sus tácticas son más que discutibles, tanto en sus planteamientos educativos como en sus decisiones de combate contra sus enemigos. Por eso quizá convenga terminar recordando, una vez más, que nos encontramos ante una novela de aventuras y no ante un tratado educativo.

Luis Daniel González
ACEPRENSA

miércoles, 4 de julio de 2007

Cristina, hija de Lavrans (Sigrid Undset)

Encuentro. Madrid (1997). Tres volúmenes: 280, 381 y 411 págs. Traducción: Rosa S. de Naveira.

Los lectores interesados en la literatura con mayúsculas están de enhorabuena con esta nueva edición en español de la mejor novela de Sigrid Undset (1882-1949), la escritora noruega que recibió el premio Nobel en 1928. Se trata de una novela densa y extensa, que se publica en tres volúmenes como ocurrió con la primera edición en Noruega (1920-22), poco antes de que la autora se convirtiera al catolicismo.

La acción se desarrolla en el siglo XIV en Noruega y narra la vida de Cristina en tres partes. La primera, con el título de La corona, relata su infancia y su pasión por Erlend, con quien se acaba casando, a pesar de que eran otros los planes de sus padres. La segunda parte, La mujer, describe la vida de Cristina como esposa y madre, vida no exenta de dificultades ni de conflictos, por el fuerte carácter de los esposos y por las circunstancias políticas de la época. La tercera parte, La cruz, muestra los últimos años de la vida de Cristina: la emancipación de los hijos, la trágica muerte de Erlend y la reclusión de la protagonista en un convento.

Además de la magnífica ambientación de la época y de las bellas descripciones del paisaje noruego, hay que destacar la veracidad de los personajes y de las vicisitudes a las que se enfrentan. Sigrid Undset refleja la complejidad de las vidas de sus protagonistas, en un ambiente en que conviven una fe bastante arraigada con restos de viejas costumbres paganas, pero que ayuda a descubrir la grandeza de los puntos centrales del cristianismo: la caridad, la misericordia, el arrepentimiento, la lucha entre el bien y el mal, la aportación de la mujer al desarrollo adecuado de la sociedad..., sobre todo a través del contraste entre el amor generoso de Lavrans, el padre de Cristina, y el amor egoísta de ésta, hasta que al final de su vida se da cuenta de sus errores. Cristina, hija de Lavrans es una magnífica y profunda recreación de la parábola del hijo pródigo.

Luis Ramoneda (Aceprensa)

La Zarza Ardiente (Sigrid Undset)

Encuentro. Madrid (1999). 553 págs. Traducción: Fernando Trías y Cristina Ansorena.

La premio Nobel noruega Sigrid Undset (1882-1949) escribió esta novela en 1930, después de su conversión al catolicismo. Si en sus obras más emblemáticas recreó ambientes medievales, aquí los hechos transcurren en su país, en el período de entre guerras de este siglo.

Paul Selmer, el protagonista, es un empresario, casado y padre de dos hijos. En la primera parte, se narra su proceso de conversión al catolicismo, que cambia su vida y sus relaciones con los colegas y amigos, en un ámbito en que los católicos son minoría y en el que predomina un luteranismo aburguesado. En la segunda parte se describe el conflicto con su mujer, que no comprende su actitud, y el acercamiento de sus hijos a la Iglesia. En la tercera, Paul Selmer pasa por una fuerte crisis, al encontrarse con la que fue su prometida y que lo dejó poco antes de la fecha prevista para la boda.
La zarza ardiente es una novela importante, de notable calidad, densa.

Junto a la habitual maestría de la autora para describir los paisajes de su tierra, destacan la hondura con que analiza la psicología de los principales personajes de la novela y las diversas reacciones de unos y de otros ante la conversión de Selmer. A su vez, muestra los cambios que se van produciendo en el protagonista al crecer su identificación con la doctrina de Jesucristo y su amor a la Iglesia y, sobre todo, al toparse con la incomprensión y el sufrimiento.

Luis Ramoneda (Aceprensa)

jueves, 14 de junio de 2007

El gusto por la lectura

Pareciera ser, a primera vista, que no habría mucha diferencia entre quien lee y quien no lo hace frecuentemente. Pero es sólo un engaño. Las diferencias son bastante grandes y notorias. En primer lugar, quien lee aumenta su cultura, la hace sólida si es endeble y la enriquece cada vez más. Quien permanece ajeno a los libros, por el motivo que sea, también es cómplice de su ignorancia, que se acrecienta a medida que sigue huyendo de las páginas escritas.

En segundo lugar, la lectura aporta un panorama más amplio para el desarrollo de las propias ideas y fomenta una actitud crítica, pero no en sentido negativo, sino positivo, ya que remueve los preconceptos e instala la necesidad de contrastar unos datos y otros, algunos más veraces y otros, pobres y caducos.

Quien lee no cree lo primero que escucha, al menos tiene un cierto bagaje cultural que matiza cualquier intento de absolutismo respecto a ciertos temas.
En tercer lugar, la lectura es fuente de conocimientos. La falta de lectura, por el contrario, adormece el espíritu y la inquietud intelectual. Pero, tampoco es suficiente con ser un devorador de libros, ya que se puede leer mucho pero mal. Es decir: siempre se debe buscar, mediante el consejo de alguien o guiados por el propio sentido común, las lecturas que favorezcan el desarrollo personal, que son todas aquellas que no están reñidas ni con la moral ni con la ética, ni menosprecien el valor individual de las personas ni sus creencias. Hay personas que, a fuerza de consumir basuras editoriales, que las hay y muchas, han hecho de su intelecto un refugio para las ideas más depravadas y siniestras. No hay que leer cualquier cosa, hay que leer siempre con un criterio determinado para cada circunstancia.

El gusto por la lectura lleva a quien lee a no contentarse con lo primero que ofrecen las vidrieras, o con aquel libro que es best seller mundial, pero que sin embargo no aporta mucho más que un simple cuento de hadas, nacido para entretener con exclusividad. Quien se habitúa a la lectura quiere buscar autores con los cuales identificarse en costumbres, modismos e ideas acerca de las grandes cosas de la vida. Es el lector cómplice del autor en cuanto difusor de ciertos ideales nobles, que agrandan las miras de la rutina diaria.

Y la falta del hábito de lectura repercute necesariamente en el trato con los demás. Quien no hace más ver las caricaturas del periódico, difícilmente pueda transcribir en palabras lo que le dicta su corazón cuando quiere expresar su amor. Reinará una especie de «parquedad sentimental», caracterizada por escuetas líneas y frases hechas repetidas una y otra vez, hasta despojarlas de su intenso significado por el abuso de su presencia en los labios del amante.

El gusto por la lectura es gustar de disfrutar más de la vida, de compartir en palabras las experiencias vividas y en saber transmitir las propias con la justa mezcla, cual recete perfecta, de sentimientos, emoción y vocablos. Leer significa ir más allá de nuestro estrecho mundo personal y adentrarnos en el otro, en crecer en empatía, estar con el otro y desde el intercambio fructífero de ideas, poder decir, al final del día, que hemos aprovechado el tiempo, al menos por haber leído unas líneas de nuestro autor preferido.

Oscar A. Matías
Conoze.com

miércoles, 28 de marzo de 2007

Los orígenes históricos del cristianismo

Autor: José Miguel García Pérez28-03-2007035/07
Encuentro. Madrid (2007). 352 págs. 16 €.

La figura de Jesús de Nazaret, su historicidad, su vida, su predicación, y su proyección posterior en los cristianos cobra cada día mayor actualidad, incluso en los medios de comunicación que siguen aireando de vez en cuando hipótesis que enturbian la valoración de los evangelios. Por esto es tan importante estudiar y aportar datos sobre la historia bien documentada de Jesús y de los primeros años del cristianismo.

José Miguel García goza de larga experiencia en el trato con universitarios, a los que ha impartido muchos cursos sobre Jesús y sobre el cristianismo. Es además buen conocedor de las ciencias bíblicas y de los documentos antiguos por sus estudios en Washington y en Jerusalén, además de buen teólogo. Ha escrito este libro con el objetivo de disipar dudas e hipótesis imaginarias, aportando amplísima documentación que avala sus afirmaciones.

El libro tiene dos partes. La primera está centrada en la figura de Jesús, su misión como Mesías e Hijo de Dios, su predicación, su vida, muerte y resurrección. La segunda gira en torno a la expansión del cristianismo primitivo en Palestina y fuera de Tierra Santa, contiene dos capítulos sobre la función destacada de Pablo de Tarso y los dos últimos sobre la confrontación del cristianismo con el judaísmo primero y más tarde con la cultura y civilización romana.

Los primeros capítulos recogen los testimonios más antiguos sobre Jesús, en los escritos paganos, en los judíos y en los cristianos. Es ilustrativa y de gran interés la distribución cronológica y temática de los evangelios apócrifos conocidos hasta el momento presente. Trata con precisión y claridad lo que han significado los evangelios gnósticos más difundidos últimamente, el de Tomás y el de Judas.

Acerca de la historicidad de Jesús comenta en nueve capítulos los aspectos más debatidos entre los autores modernos y también los más aireados en prensa o en libros: el poder de perdonar pecados, los milagros, el secreto mesiánico, las razones aducidas en el proceso religioso ante el sanedrín y las invocadas en el proceso político ante Pilato, el sepulcro vacío como señal visible de la resurrección así como las apariciones. No sigue, por tanto un orden cronológico. Más que una vida de Jesús es la exposición de los argumentos serios para fundamentar la historicidad de Jesús y la solidez de los evangelios como fuentes de historia.

La expansión del cristianismo primitivo, el autor dedica los cinco últimos capítulos. En ellos pone de relieve que no hay ruptura entre Jesús y los discípulos de la primera y segunda generaciones. El libro de los Hechos de los Apóstoles, cuyo valor histórico defiende el Prof. García junto con gran número de estudiosos anglosajones, es un magnífico testigo de los primeros pasos de los discípulos, de las dificultades que tuvieron que superar y de la inexplicable difusión de la doctrina.

Tienen también interés los dos últimos capítulos en los que se describe la controversia con los judíos, o mejor, con sus autoridades, seguramente porque los cristianos sufrieron muchas vejaciones y desprecios. Sin embargo nunca renunciaron a sus raíces y buscaron los primeros adeptos entre los propios judíos. Con los romanos tuvieron inicialmente buena acogida, pero con el incendio de la ciudad de Roma el año 62/63 comenzó la persecución de Nerón, como cuenta Tácito en un texto recogido en el libro. A partir de entonces, las persecuciones fueron constantes y cruentas.

En suma, es un libro bien documentado, escrito con sencillez y sentido pedagógico, que aborda aspectos de actualidad e interés sobre Jesús y sobre la Iglesia.

Santiago Ausín. ACEPRENSA.

sábado, 10 de marzo de 2007

Los demonios de C. S. Lewis

Aunque personas muy serias y con criterio moral me habían hablado muy bien de los libros de Lewis (1898-1963), y aunque yo sabía que tanto en EEUU como en todo el mundo de habla inglesa este irlandés está considerado un clásico contemporáneo, no lo he leído hasta hace muy pocos días.


Fue por pura casualidad. Compré dos libros de Lewis que me encontré en una librería, mientras buscaba la última novela de Julian Barnes. Los adquirí no sólo por seguir las recomendaciones de mis amigos, sino porque eran libros bastante leídos y, además, breves. El primero, Cartas del diablo a su sobrino, va por la duodécima edición y el otro, Una pena en observación, está en la novena.

El autor fue un famoso profesor de literatura medieval y renacentista; por lo visto, su libro Sobre el amor corteses una referencia imprescindible de los profesores de literatura de medio mundo. Fue gran amigo de Tolkien, el de El señor de los anillos, a quien dedicó el primer libro citado. Formó parte del grupo de escritores selectos de los años treinta. Su obra es amplia en el ámbito de la creación y la investigación literaria. Fue también autor de éxito en el campo de la ciencia ficción, por ejemplo, Más allá del planeta silencioso, y de los relatos infantiles, por ejemplo, Crónicas de Narnia. El cine lo ha tratado con cariño. Entre otras obras, Una pena en observaciónfue llevada al cine con el título Tierra de penumbras, protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger, y dirigida por Richard Attenborough.

Lewis fue ateo hasta 1929, que se convirtió al cristianismo, según relató en su Cautivado por la alegría. Admitió "que Dios es Dios" y, a partir de esa conversión, construyó una de las obras literarias y apologéticas más importantes del siglo pasado. Cartas del diablo a su sobrinoes una novela corta, publicada en 1942, a la vez que un ensayo de carácter religioso y ético. Son las epístolas de un demonio viejo y jubilado, Estrutopo, a su sobrino inexperto, Orugario, que acaba de ser asignado como tentador de un joven inglés residente en Londres. Todas las cartas son ensayos inteligentes para inducir al pecado al paciente y enfrentarse al Enemigo (Dios) en la lucha por el alma del humano. Dice las cosas más serias, como dice un amigo, sin perder la sonrisa.

Si tuviera que seleccionar un argumento de los muchos que aquí se esgrimen, no dudaría en recoger su crítica genial a cómo los humanos se apartan de la realidad mediante el pretexto de lo real. El presente y la eternidad son cuestionados por un futuro tan falso como inexistente. La actividad básica del demonio es mantener a los humanos apartados de lo real. Objetivos claves del demonio son el fomento de las falsas esperanzas, el evitar que los individuos se entreguen a algo con autenticidad, el presentar un hecho físico al margen del resto de la experiencia humana, hurgar en las dificultades del perseverar, alimentar falsas espiritualidades y, en fin, criticar y criticar la excelencia y el esfuerzo hasta que el hombre se haga un cínico completo.

Por encima de las estrategias literarias trazadas por el autor, la obra muestra de modo genial el principal límite del demonio que, en realidad, es el de nuestra época está poseída por sus poderes: la imposibilidad de concebir la virtud. El demonio, a pesar de tener un rango superior a los humanos, en verdad, es un ser espiritual superior, no puede comprender el bien. No puede, por ejemplo, concebir que el ser humano tenga un cuerpo, no acepta en modo alguno "querer vivir el cuerpo". No concibe la capacidad de que Dios ame a los hombres, de que algo salga bien, de que las virtudes, en fin, sean buenas. Naturalmente, tampoco sabe qué es la alegría. Las páginas dedicadas a la risa son portentosas. El diablo carece de sentido del humor.

Porque la actividad básica del demonio es mantenernos apartados de la realidad, no admitirá en modo alguno los placeres básicos y sencillos del ser humano, por ejemplo, pasear, leer un libro y entregarnos a "la aparición de una sola carne". En verdad, para el diablo, el hombre es una ofensa. El demonio percibe a Dios como un monstruo. El diablo está muerto de hambre. El diablo no quiere que crean en él. Mientras que Dios emplea los males como medios para producir bienes, el diablo emplea las virtudes humanas (que él no puede producir) para producir vicios.

Desde el punto de vista de la apologética cristiana, que no es el que aquí me interesa, hay dos asuntos de extraordinaria actualidad. El primero se refiere al concepto de amor en el pensamiento cristiano. Y, el segundo, a la proliferación y adoración de "Jesuses históricos" para negar la esencia del cristiano. Lewis, en 1942, se adelanta a las posiciones más serias de la "apologética" actual sobre el amor, porque muestra con brillantez que la inteligencia del demonio, que es mucha y perseverante, no le alcanza para entender el amor y el placer. Por eso, precisamente, siempre antepone el deber al placer. El cinismo es todo. De ahí que el peor enemigo del diablo no sea Dios sino otro diablo.

La jerga, y no la argumentación, es su mejor aliado. Y, en cualquier caso, hay que mantener las ideas de sus tentados vagas y confusas y, por supuesto, nadie puede dejar de vivir bajo un doble patrón de conducta. El demonio es el cínico completo con un doble objetivo: minar la fe e impedir la formación de virtudes. De los muchos temas claves de la psicología, o mejor, del alma del hombre contemporáneo, hay uno que enlaza con la segunda de las obras recomendadas. Es, en efecto, en la desgracia, en el infortunio, donde más éxito pueden obtener los demonios. Lewis, en este punto, es grandioso: gracias a la literatura, no entro en el asunto de la creencia, el ámbito operativo del diablo es superado.

Merced a un proceso literario magistral y auténtico, cuyo resultado son estas cien páginas, la pena, la desgracia y la desdicha más tremenda por la pérdida de su amada son llevadas hasta allí dónde el ser humano tiene que reconocer que "no somos capaces de entender. Puede que lo que menos entendamos sea lo mejor". La narración del profundo dolor que le produjo la desaparición de su esposa y, sobre todo, de la superación de este hecho pervivirá como un gran modelo en la lucha del hombre contra el mal.

El vacío, la soledad, la impotencia, el recuerdo, el amor, la fe, la esperanza, la confrontación con Dios, etcétera, toca el alma de los lectores, pero no más que la exposición de cómo se va reponiendo, cómo vuelve a lo cotidiano, al pensar con profundo respeto la vida de la persona amada y desparecida. Ambos procesos son impresionantes. En este libro Lewis parecer llegar al fondo de sí mismo, y lo muestra con hermosura literaria, a través de la radical experiencia del amor, el sufrimiento y la esperanza.

Conclusión: la literatura nos salva. Sin la experiencia de la escritura, del trabajo literario, hubiera sido imposible la catarsis, o mejor, la curación de Lewis. ¿No será esto obra del "demonio de la literatura"?

C. S. LEWIS: CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO. Rialp, 12ª edición. Madrid, 2006, 140 páginas.
C. S. LEWIS: UNA PENA EN OBSERVACIÓN. Anagrama, 9ª edición. Barcelona, 2005, 103 páginas.

Agapito Maestre.

viernes, 16 de febrero de 2007



La nueva publicación de la biografía de Hillaire Belloc sobre María Antonieta coincide con la aparición de la revista Chesterton. No es mal presagio. Belloc (1870-1953), gran amigo de Chesterton, era católico, como éste (aunque desde siempre), y juntos libraron innumerables batallas políticas y sociales. Tan íntima fue su colaboración que George Bernard Shaw, adversario de ambos en más de una ocasión, llegó a hablar de Chesterbelloc.

Belloc era francés, pero adoptó la nacionalidad inglesa cuando empezó su (breve) carrera política. Lo suyo no era la acción, mucho menos la política. La suyo era escribir –y provocar–, y a eso se dedicó toda la vida, con una intensidad tal que acabó agotado. En 1909, fecha de publicación de su María Antonieta, había dado a la imprenta 28 libros. No bajó el ritmo hasta que cayó enfermo, en 1940.

Su madre, inglesa, había vuelto a su país al enviudar, en 1872. Belloc se educó en Inglaterra, pero de su primera nacionalidad le quedó un interés especial por Francia. Entre su copiosísima obra destacan varios trabajos de tema francés. Algunos fueron muy tempranos, como los dedicados a París en 1898 y 1900, la gran biografía del cardenal Richelieu (1929) y la serie de estudios sobre la revolución, entre los que destacan la monografía La Revolución Francesa (1911), una novela histórica (The Girondin) y, sobre todo, un puñado de biografías de algunos de los protagonistas de aquellas jornadas: Danton (1899), la excelente Robespierre (1901) y la que hoy nos ocupa.

Una de las principales preocupaciones de Belloc, si no la principal, y la que probablemente da sentido a toda su obra, es la religión. En coincidencia con Chesterton, Belloc veía en la pérdida de la fe (cristiana) en los países europeos el origen de una gigantesca catástrofe histórica que acabaría con la propia Europa. A este asunto dedicó buena parte de su esfuerzo entre 1920 y 1930, precisamente cuando los totalitarismos se adueñaron de este pedazo de Occidente y estuvieron a punto de acabar con él. Cosa que habrían conseguido de no ser por un país que Belloc conocía bien, por ser su esposa originaria de allí: Estados Unidos.

Belloc bautizó aquel movimiento con el término neopaganismo, que viene a ser no un avance, sino la restauración de una mentalidad precristiana. El neopaganismo se estaba instalando en la mentalidad europea y era incompatible con la tradición cristiana del continente. Si no se le ponía freno, se llevaría por delante la religión y la propia Europa. Con gran lucidez, Belloc supo prever que esa fuerza destructiva no dudaría en aliarse, llegado el caso, con otras tradicionalmente enemigas de la Cristiandad. Pensaba, más en particular, en el Islam.

Todavía no había desarrollado estas grandes ideas cuando escribió su biografía de María Antonieta. Pero es obvio que la preocupación por el destino de la Europa cristiana (no hay otra para él) está presente en cada una de sus páginas.

La desgraciada María Antonieta ha ejercido siempre una fascinación particular, que se ha visto reanimada en los últimos meses con el estreno de una película dedicada al famoso escándalo del collar de diamantes. La editorial Siruela ha publicado un estudio exhaustivo sobre este truculento asunto. Siempre ha estado en circulación, por otra parte, ese clásico del género biográfico que es la María Antonieta de Stefan Zweig (1932).

Zweig debe mucho a Belloc, como es natural, aunque tuvo acceso a documentos –los referidos a la relación amorosa de la reina con el aristócrata sueco Fersen– desconocidos para el escritor inglés. Por otra parte, Zweig es más sensible que Belloc a la intimidad de una mujer que, en su relato, supo elevarse en los últimos momentos hasta la dignidad del papel trágico que la historia le tenía reservado. Belloc no es tan delicado, pero también es un gran escritor, y de su María Antonieta nos interesa hoy, lejos del retrato sentimental de Zweig, la pintura más ruda, pero igualmente fascinante, de las gigantescas fuerzas políticas y culturales de que aquélla fue víctima.

Las paradojas, como en un texto de Chesterton, se suceden una tras otra. María Antonieta, según Belloc, acabó pagando con su vida la alianza entre Austria y Francia, que desnaturalizó la vocación nacional francesa y contra la que se hizo, en parte, la revolución: la reina nunca entendió a Francia, y Francia, país misógino donde los haya, al menos en ciertas cosas, se lo hizo pagar con creces.

También fue víctima de la Revolución Americana, que arruinó a la Monarquía francesa, propició la revolución en el Hexágono y crearía lo que acabaría siendo la única potencia occidental capaz de defender la idea misma de Europa. Y, además, fue víctima de ese primer totalitarismo que, en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, se empeñaría a partir de ahí en destruir aquello mismo que invocaba.

María Antonieta, tan antiguo régimen en tantas cosas, acaba siendo tan contemporánea nuestra, o más, que sus verdugos y los cómplices de éstos. Este personaje tan superficial, tan frágil, en más de un sentido tan insignificante y en otros tan antipático, acaba simbolizando aquello mismo contra lo que combatiría Belloc en sus obras futuras, el ya citado neopaganismo.

Esta biografía, superada en algunos asuntos, sigue siendo una obra llena de intuiciones geniales acerca de la Europa que entonces empezó a emerger, sobre la que Belloc reflexionó sin descanso. Nunca se resignó a su triunfo ni se hundió en la desesperación, como sí le ocurrió a Zweig. (Véase a este respecto el ensayo que escribió otro escritor católico, y francés, Georges Bernanos, cuando tuvo noticia del suicidio de Zweig en Brasil, donde él mismo se había refugiado). La obra entera de Belloc, también esta biografía, testimonia de su negativa, tan propiamente británica, a plegarse a lo que con tanta lucidez y tanta febrilidad estaba diagnosticando.

Para terminar, citaré un pasaje del libro:

Cuando una sociedad se está acercando a una convulsión como la que se aproximaba para Francia, el ritmo del cambio aumenta prodigiosamente con cada paso hacia la catástrofe. "¡Eso no puede ocurrir! ¡Tal cosa no puede ni soñarse!". Pero tales cosas llegan a suceder, y por último, todos se sienten impotentes espectadores de un proceso tan fuerte y rápido que no hay ciencia humana que lo pueda detener. La literatura política en tales momentos se dedica sólo a la crítica o a teorizar; ya no defiende su causa; menos aún puede dirigir. Así ocurre hoy en más de una nación de la Europa occidental; así ocurría a fines del reinado de Luis XV.

Como se ve, Hillaire Belloc alcanza cuando quiere la altura de un clásico. Es decir, la de quien está de permanente actualidad.


HILLAIRE BELLOC: MARÍA ANTONIETA. Ciudadela (Madrid), 2007, 510 páginas.

Pinche aquí para acceder a la página web de JOSÉ MARÍA MARCO

sábado, 3 de febrero de 2007

Holocausto. Recuerdo y representación

La globalización del recuerdo del Holocausto constituye hoy en día un paradigma de memoria ejemplar. Al mismo tiempo, los debates y polémicas sobre la representabilidad de la Shoah no hacen sino valorizar la libertad de expresión. Por el contrario, defender la especificidad de Auschwitz para a continuación trazar paralelismos imaginarios y construir amalgamas identitarias revela todas las falacias y equívocos que subyacen al concepto de memoria histórica de los actuales gobernantes de España. Un perfecto ejemplo de "abuso de la memoria", del que este libro no está exento.

Tampoco está libre del temor que la revolución de la información y el desarrollo tecnológico despiertan en parte de la izquierda. Basta recordar las admoniciones contra la modernización contenidas en el Manifiesto comunista y puestas al día por la Escuela de Frankfurt, una de las principales referencias del autor en su teorización sobre los medios de comunicación, la producción cultural y las identidades colectivas.

A juicio de Baer, éstas se encuentran amenazadas por el caos creado por el "crecimiento desproporcionado de la información", algo que debe combatirse por la memoria. Argumento ahistórico –o antihistórico– y autoritario, pues pretender la fijación de una "cultura cívica global" es imposible sin un ejercicio previo de censura y canonización. ¿A quién corresponde dictar lo que debe o no ser recordado? ¿Debe haber interpretaciones proscritas?

Son cuestiones que el autor deja sin resolver, aunque celebra –de forma algo ingenua– que la construcción de la memoria haya dejado de ser monopolizada por el Estado. Sin embargo, algunos pensamos que ha ocurrido todo lo contrario, especialmente en nuestro país –por no mencionar la parte del mundo que ha vivido y sigue viviendo bajo regímenes totalitarios y teocráticos–, donde una versión oficial de la historia por decreto ha sido reemplazada en leyes ordinarias y estatutos de autonomía por otra igual de parcial y engañosa que criminaliza a quien la cuestiona. Si a esto le unimos el afán por recrear una España partida en dos identidades políticas puras e irreconciliables, una absolutamente buena y otra inherentemente perniciosa, estaríamos conformando justo el tipo de abuso de la memoria contra el que el libro alerta.

Sin embargo, ni las incoherencias teóricas ni la prescindible presentación de Reyes Mate, algunas de cuyas afirmaciones no dejan de resultar sorprendentes en un intelectual y maestro de su talla, restan valor pedagógico a esta obra como fuente de información y reflexión sobre el recuerdo del Holocausto. Ni el simplismo del filósofo a la hora de tratar la guerra civil española –el primer episodio de la lucha contra el fascismo– ni su apego a la historiografía soviética sobre la Segunda Guerra Mundial –conflicto saldado, según él, por los países aliados con la ayuda de los Estados Unidos– consiguen ensombrecer la brillante y esclarecedora investigación en torno a la representación de la Shoah contenida en Holocausto…

Este discurso chocante e inopinado resulta además útil a la hora de ilustrar el doble error de olvido y camino errado que Mate denuncia respecto a los españoles y la "cuestión judía", precisamente el que él elige para tratar otros episodios de la historia.

Volviendo a la memoria del Holocausto, tras su invisibilidad durante la posguerra, debida según Baer a la conversión de Alemania en aliado y a los erróneos paralelismos entre Hiter y Stalin –hipótesis débil, sobre todo si pensamos en el persistente silencio de la URSS–, se produce en los años 60 y 70 una singularización del genocidio judío. Eventos como el juicio contra Adolf Eichmann (1961), el proceso de Auschwitz (1963-65) y la posterior apropiación del Holocausto como elemento identitario de la comunidad judía americana, sobre todo a través de la obra del superviviente Eli Wiesel, convierten la Shoah en un fenómeno misterioso y por ende irrepresentable.

Este status cambia de forma radical a partir de 1978, fecha de emisión de la serie televisiva Holocausto e inicio del controvertido proceso de "americanización" y "globalización" de la Shoah. Comienza en esos años un debate en torno a los límites de la representación y la banalización de la Shoah en el que el relativismo posmoderno y el revisionismo histórico, que Baer considera un eufemismo de las tesis negacionistas –y en el que parece incluir al historiador Ernst Nolte, imputación harto exagerada–, han jugado un importante papel como creadores de confusión, por no mencionar las sempiternas críticas contra el capitalismo formuladas por los marxistas Marcuse y Adorno, quien incluso llegó a "descubrir" las conexiones estructurales entre la industria cultural y el antisemitismo.

Los capítulos más interesantes e instructivos son los dedicados al papel del cine, la fotografía y la museística en la representación del Holocausto. Así, se narra la polémica suscitada por la serie Holocausto (1978) y los largometrajes La lista de Schindler (1994) y La vida es bella (1998), y se da cuenta de las críticas que estas producciones recibieron desde la revista francesa Cahiers du Cinema, cuyos articulistas denunciaron la incorporación de elementos de la cultura americana y la ruptura de un supuesto canon de sobriedad establecido por Lanzmann en Shoah (1982), obra creada como respuesta a Holocausto. Este academicismo es sin embargo puesto en duda por Baer, para quien la existencia de una "dicotomía válida entre memoria trivial y seria" es cuanto menos cuestionable.

Por lo que respecta a la fotografía, su profusión como medio de reeducación de la población alemana por parte de los aliados en la posguerra no causó el efecto deseado, pues los alemanes no se vieron como responsables; además, los errores en la clasificación del material proporcionaron argumentos a los negacionistas. Más efectiva como instrumento pedagógico fue la exposición, en 1955, de las imágenes tomadas por los propios militares alemanes, que entre otras cosas derribó los mitos de la ignorancia del pueblo y de la pureza del ejército del Reich.

Por último, las transformaciones sufridas por algunos de los museos y salas dedicados al Holocausto reflejan el interés por favorecer un encuentro emocional y la inmersión en la historia; no obstante, se podría caer en el sentimentalismo, la estridencia y la trivialización.

A todas estas discusiones subyace el espinoso tema de la estetización del horror, algo común a las representaciones artísticas de casi todos los tiempos y a lo que el Holocausto no ha sido ajeno. Hasta qué punto es inútil sustraer la Shoah a esta modalidad creativa es una reflexión obligada, a la que Holocausto… exhorta y a la que aporta algunas claves fundamentales.

El libro se cierra con un interesante capítulo sobre España y la memoria del Holocausto, tema incómodo debido a las relaciones de Franco con Hitler y al desconocimiento del tema judío en nuestro país. Si a esto le sumamos la conversión de las víctimas en verdugos, discurso difundido en los últimos años por una parte nada marginal de la izquierda, incluidos importantes políticos del PSOE –fenómeno llamativo sobre el que el autor pasa de puntillas–, el paulatino cambio que Baer percibe, y cuya máxima expresión sería la declaración por parte del Gobierno socialista del Día Oficial de la Memoría del Holocausto –aquí sí parece relevante la mención de unas siglas partidistas–, se antoja excesivamente optimista.

Las últimas páginas están dedicadas al memorial de Rivesaltes, cruce de memorias entre los judíos y los republicanos españoles huidos del franquismo e internados en Francia y un modelo de referencia positivo que intenta soslayar los conflictos que generan las memorias grupales e identitarias. Esfuerzo sin duda loable y que por desgracia se echa en falta en algunos de nuestros intelectuales más importantes, que anteponen militancia a ilustración y propaganda a información, y que bien por descuido, ignorancia o fervor partidista no hacen sino echar leña al fuego de un debate artificioso y fútil debido, precisamente, al dirigismo estatal.

En este contexto, sustituir memoria por amalgama sólo introduce una nueva aporía en la de por sí enredada cuestión de la historia española reciente.


ANTONIO GOLMAR, politólogo y miembro del Instituto Juan de Mariana.
ALEJANDRO BAER: HOLOCAUSTO. RECUERDO Y REPRESENTACIÓN. Losada (Madrid), 2006, 267 páginas.