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martes, 14 de abril de 2009

Un conocimiento que fomente la paz: Biblioteca digital mundial

Ocho días para el nacimiento de la Biblioteca Digital Mundial

Domingo, 12 de Abril de 2009 08:25 Enzo Agrigento

Documentos, manuscritos, mapas, libros y fotografías de las 32 bibliotecas más grandes e importantes del mundo se podrán consultar desde el próximo 21 de abril cuando sea presentada oficialmente en la UNESCO (París) la Biblioteca Digital Mundial. De esta manera, cualquier internauta podrá acceder gratuitamente a numerosos documentos únicos de los principales archivos históricos del planeta. Además, contará con películas, grabaciones sonoras y fotografías.

La presentación de la Biblioteca tendrá lugar en el transcurso de una recepción ofrecida conjuntamente por el director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura, y el bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos, James H. Billington. En la recepción se contará también con la presencia de directores de las instituciones asociadas a este proyecto para presentarlo a los ministros, embajadores y delegados permanentes de los estados miembros, así como a algunas personalidades especialmente invitadas, que van a participar en la reunión de primavera del Consejo Ejecutivo de la UNESCO.

Siete idiomas

Esta gran biblioteca digital funcionará en siete idiomas -árabe, chino, español, francés, inglés, portugués y ruso-, aunque también contará con contenidos en otras lenguas del mundo. El trabajo principal del proyecto lo ha llevado a cabo la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. A su vez, la Bibliotheca Alexandrina de Egipto facilitó su asistencia técnica para el desarrollo de la web; mientras que otras bibliotecas y algunas instituciones culturales y educativas han contribuido con sus conocimientos especializados.

Sus características en materia de búsqueda facilitarán las investigaciones interculturales y a través de distintas épocas. Todos los temas irán acompañados de descripciones y algunos de ellos serán presentados en vídeos por bibliotecarios y archiveros especializados, a fin de que los usuarios puedan situar su contexto. Con esto se pretende también despertar la curiosidad de los estudiantes y el público en general, con vistas a incitarles a profundizar sus conocimientos sobre el patrimonio cultural de todos los países.

Tesoros culturales

Entre los tesoros culturales presentados en la Biblioteca Digital Mundial figurarán los siguientes: estelas y huesos para oráculos aportados por la Biblioteca Nacional de China; manuscritos científicos arábigos procedentes de la Biblioteca y Archivos Nacionales de Egipto; fotografías antiguas de América Latina conservadas en la Biblioteca Nacional de Brasil; el Hyakumanto darani, una publicación del año 764 custodiada en la Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón; la famosa Biblia del Diablo del siglo XIII, perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de Suecia; y obras caligráficas en árabe, persa y turco de las colecciones conservadas en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

El único país de lengua española que participó de la construcción del sitio fue México, a través de su Centro para el Estudio de la Historia. También han contribuido con sus conocimientos especializados y han aportado contenidos al sitio web las bibliotecas nacionales y algunas instituciones culturales y educativas de Arabia Saudita, Brasil, Egipto, China, Eslovaquia, Estados Unidos, la Federación de Rusia, Francia, Iraq, Israel, Japón, Malí, Marruecos, los Países Bajos, Qatar, el Reino Unido, Serbia, Sudáfrica, Suecia y Uganda.

Hasta ahora se han implicado en la Biblioteca Digital Mundial 32 organismos y a su financiación han contribuido empresas privadas como Microsoft o Google.

Un proyecto surgido en 2005

En 2005, James Billington tuvo la iniciativa de proponer a la UNESCO la creación de una biblioteca digital mundial, señalando que este proyecto “podría tener el efecto beneficioso de unir a las personas, exaltando el carácter profundo y excepcional de las diferentes culturas en un proyecto a escala mundial”. Además de promover el entendimiento mutuo en el plano internacional, el proyecto tiene las siguientes finalidades: ampliar la cantidad y diversidad de los contenidos culturales en Internet; proporcionar material de documentación, información y estudio a educadores, estudiantes y eruditos, así como al público en general; y, por último, crear capacidades en las naciones asociadas al proyecto, con vistas a reducir la brecha digital entre los diferentes países y dentro de cada uno de ellos.

domingo, 21 de octubre de 2007

Tomás Moro, un hombre para todas las horas


Tomás Moro (1478-1535) fue uno de los grandes humanistas del Renacimiento, erudito, escritor, polemista, abogado, juez, político, diplomático, y finalmente Lord Canciller de Inglaterra (el primer Lord Canciller laico en varios siglos). También fue un hombre hogareño, modelo de esposo y de padre, y amigo de sus amigos; entre éstos se encuentran los más destacados humanistas de su tiempo, como Erasmo de Rotterdam y Luis Vives.

Su trágica muerte –condenado a la pena capital por negarse a reconocer a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia de Inglaterra– es un modelo de fidelidad a la Iglesia y a la propia conciencia, y representa la lucha de la libertad individual frente al poder organizado.

En 1557 su yerno, William Roper, escribió su primera biografía. Desde su canonización, en 1935, se han publicado muchas otras de diferente valor. El libro de Álvaro Silva, que también tradujo y editó obras de Moro y la correspondencia del humanista, no es una biografía, aunque recorra buena parte de su vida, sino un viaje a la cabeza y al corazón de Moro, a través de sus escritos.
Reconoce Silva que el género biográfico es siempre contemporáneo, pues hay demasiados elementos de esa época que nunca llegaremos a interpretar correctamente; pero admite que ésa no es una razón para dejar de intentar acercarse al personaje y hacerlo lo mejor posible.

Silva aborda el tema en cinco capítulos originales y de extraordinario valor por su seriedad y penetrante análisis. El primero y principal trata de Utopía: no sólo del contenido del libro más famoso de Moro, sino de lo que es en sí y lo que supuso para Moro. Explica Silva que Utopía es un “modelo” de reforma, un ejercicio mental realizado por un gran humanista, que enseña a pensar y da las claves de la mente del humanista (y hace soñar lo que podría haber sido una reforma de la Iglesia desde dentro, sin Lutero). Este capítulo da una pauta que seguirá Silva a lo largo del libro; los puntos concretos que estudia y muestra los relacionará con la vida posterior de Moro.

Los otros capítulos, menos densos, pero no menos enjundiosos, comienzan por “Moro lector”, que explora sus hábitos de lectura: tanto los textos que escogía como su manera de tratarlos y valorarlos. “Las mujeres de Moro” habla no sólo de sus mujeres e hijas, sino de toda su forma de tratar a “la otra mitad del mundo” en una época completamente machista. “Moro y los herejes” recuerda muy particularmente la ruptura de la cristiandad, sus desvelos por salvaguardar la integridad de la fe desde la política, su labor como polemista –lo peor de su obra escrita– y su evolución hacia posturas más tolerantes. “El martirio y el arte de vivir” y “¿La conciencia de Moro o el cabezota de Moro?” coronan una vida plena, cuya características principales –sus peores enemigos lo reconocen– es la sinceridad y la coherencia.

El libro de Silva es una delicia que invita a leer las obras de Moro y a conocer más una época apasionante; también exige un cierto conocimiento previo de la vida del Canciller, como el que pueden proporcionar las biografías escritas por Andrés Vázquez de Prada o Peter Berglar.

Autor: Álvaro de Silva
Marcial Pons. Madrid (2007). 264 págs. 22 €.
Firmado por Fernando Gil-Delgado Fecha: 17 Octubre 2007

viernes, 24 de agosto de 2007

'Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental', por Thomas E. Woods Jr.

Además de Grecia y Roma, el cristianismo aportó una liberación de la razón: universidades, cinetíficos, derechos y cultura.

La era de la información es también la de los tópicos. Se queja el autor de la imagen sesgada, cuando no directamente manipulada que tienen los americanos de la Iglesia católica y de su historia. Digamos que, lamentablemente, lo mismo pasa en Europa y que, incluso los mismos creyentes contemplan su pasado con una mezcla de resignación y sonrojo.

Lo cierto es que sin la Iglesia Europa no existiría como tal y por tanto tampoco la cultura occidental. Esta verdad, conocida por los estudiosos que no se acercan a los hechos con las anteojeras del anticlericalismo, no ha llegado al amplio público que sigue viviendo de los slogans que repiten los medios y cacarean los pedantes desde los púlpitos del resentimiento. Hacen falta obras divulgativas que den a conocer el papel decisivo del cristianismo. Estamos ante una de ellas.

Thomas E. Woods aprovecha las investigaciones recientes que empiezan a hacer justicia al pasado y ponen en evidencia que, sin el catolicismo, Europa no habría pasado del estado de barbarie. Para ilustrarlo sigue un método bien simple. Toma en consideración algunos puntos importantes: la ciencia, la Universidad, el Arte, la economía, el Derecho… y muestra como la Iglesia fue la matriz decisiva para su progreso.

Es cierto que la cultura occidental bebe también de otras fuentes, como Grecia o Roma, que fue una especie de cruce de caminos actuando de transmisora de los mejor de la cultura antigua, pero el cristianismo aporta un factor decisivo.

Simplificando podríamos decir que libera a la razón y la conduce hacia lugares que pensaba imposibles. Es por ello que mientras la cultura china colapsa, a pesar de haber hecho algunos descubrimientos antes que Occidente, en Europa alcanza verdadera carta de naturaleza.

Haciendo un poco de historia

Muy interesante el apunte sobre el papel de la Edad Media al respecto, que de oscuro
no tiene más que las legañas con que la miran los orgullosos ilustrados.

Pero, además, ¿por qué el papado protege y alienta las Universidades? ¿Sabe alguien hoy que muchos científicos fueron religiosos o sacerdotes? ¿Se reconoce el papel de los monjes y los monasterios en la educación de lo que después sería Europa y que gracias a ellos muchas tierras baldías se volvieron cultivables?

¿Por qué se ignora que el Derecho internacional, de gentes en la terminología de la época, nació en la Universidad de Salamanca de la mano de sesudos dominicos? Estas y muchas otras preguntas dejarán de hacerse después de la lectura de este ameno e informado libro.

Lo recomendamos para el lector medio, pero especialmente para el estudiante que ha de soportar la vacuidad de la LOE en los centros de enseñanza media. Una vez más la divulgación no significa pérdida de calidad en la exposición ni de rigor.

miércoles, 4 de julio de 2007

Cristina, hija de Lavrans (Sigrid Undset)

Encuentro. Madrid (1997). Tres volúmenes: 280, 381 y 411 págs. Traducción: Rosa S. de Naveira.

Los lectores interesados en la literatura con mayúsculas están de enhorabuena con esta nueva edición en español de la mejor novela de Sigrid Undset (1882-1949), la escritora noruega que recibió el premio Nobel en 1928. Se trata de una novela densa y extensa, que se publica en tres volúmenes como ocurrió con la primera edición en Noruega (1920-22), poco antes de que la autora se convirtiera al catolicismo.

La acción se desarrolla en el siglo XIV en Noruega y narra la vida de Cristina en tres partes. La primera, con el título de La corona, relata su infancia y su pasión por Erlend, con quien se acaba casando, a pesar de que eran otros los planes de sus padres. La segunda parte, La mujer, describe la vida de Cristina como esposa y madre, vida no exenta de dificultades ni de conflictos, por el fuerte carácter de los esposos y por las circunstancias políticas de la época. La tercera parte, La cruz, muestra los últimos años de la vida de Cristina: la emancipación de los hijos, la trágica muerte de Erlend y la reclusión de la protagonista en un convento.

Además de la magnífica ambientación de la época y de las bellas descripciones del paisaje noruego, hay que destacar la veracidad de los personajes y de las vicisitudes a las que se enfrentan. Sigrid Undset refleja la complejidad de las vidas de sus protagonistas, en un ambiente en que conviven una fe bastante arraigada con restos de viejas costumbres paganas, pero que ayuda a descubrir la grandeza de los puntos centrales del cristianismo: la caridad, la misericordia, el arrepentimiento, la lucha entre el bien y el mal, la aportación de la mujer al desarrollo adecuado de la sociedad..., sobre todo a través del contraste entre el amor generoso de Lavrans, el padre de Cristina, y el amor egoísta de ésta, hasta que al final de su vida se da cuenta de sus errores. Cristina, hija de Lavrans es una magnífica y profunda recreación de la parábola del hijo pródigo.

Luis Ramoneda (Aceprensa)

viernes, 16 de febrero de 2007



La nueva publicación de la biografía de Hillaire Belloc sobre María Antonieta coincide con la aparición de la revista Chesterton. No es mal presagio. Belloc (1870-1953), gran amigo de Chesterton, era católico, como éste (aunque desde siempre), y juntos libraron innumerables batallas políticas y sociales. Tan íntima fue su colaboración que George Bernard Shaw, adversario de ambos en más de una ocasión, llegó a hablar de Chesterbelloc.

Belloc era francés, pero adoptó la nacionalidad inglesa cuando empezó su (breve) carrera política. Lo suyo no era la acción, mucho menos la política. La suyo era escribir –y provocar–, y a eso se dedicó toda la vida, con una intensidad tal que acabó agotado. En 1909, fecha de publicación de su María Antonieta, había dado a la imprenta 28 libros. No bajó el ritmo hasta que cayó enfermo, en 1940.

Su madre, inglesa, había vuelto a su país al enviudar, en 1872. Belloc se educó en Inglaterra, pero de su primera nacionalidad le quedó un interés especial por Francia. Entre su copiosísima obra destacan varios trabajos de tema francés. Algunos fueron muy tempranos, como los dedicados a París en 1898 y 1900, la gran biografía del cardenal Richelieu (1929) y la serie de estudios sobre la revolución, entre los que destacan la monografía La Revolución Francesa (1911), una novela histórica (The Girondin) y, sobre todo, un puñado de biografías de algunos de los protagonistas de aquellas jornadas: Danton (1899), la excelente Robespierre (1901) y la que hoy nos ocupa.

Una de las principales preocupaciones de Belloc, si no la principal, y la que probablemente da sentido a toda su obra, es la religión. En coincidencia con Chesterton, Belloc veía en la pérdida de la fe (cristiana) en los países europeos el origen de una gigantesca catástrofe histórica que acabaría con la propia Europa. A este asunto dedicó buena parte de su esfuerzo entre 1920 y 1930, precisamente cuando los totalitarismos se adueñaron de este pedazo de Occidente y estuvieron a punto de acabar con él. Cosa que habrían conseguido de no ser por un país que Belloc conocía bien, por ser su esposa originaria de allí: Estados Unidos.

Belloc bautizó aquel movimiento con el término neopaganismo, que viene a ser no un avance, sino la restauración de una mentalidad precristiana. El neopaganismo se estaba instalando en la mentalidad europea y era incompatible con la tradición cristiana del continente. Si no se le ponía freno, se llevaría por delante la religión y la propia Europa. Con gran lucidez, Belloc supo prever que esa fuerza destructiva no dudaría en aliarse, llegado el caso, con otras tradicionalmente enemigas de la Cristiandad. Pensaba, más en particular, en el Islam.

Todavía no había desarrollado estas grandes ideas cuando escribió su biografía de María Antonieta. Pero es obvio que la preocupación por el destino de la Europa cristiana (no hay otra para él) está presente en cada una de sus páginas.

La desgraciada María Antonieta ha ejercido siempre una fascinación particular, que se ha visto reanimada en los últimos meses con el estreno de una película dedicada al famoso escándalo del collar de diamantes. La editorial Siruela ha publicado un estudio exhaustivo sobre este truculento asunto. Siempre ha estado en circulación, por otra parte, ese clásico del género biográfico que es la María Antonieta de Stefan Zweig (1932).

Zweig debe mucho a Belloc, como es natural, aunque tuvo acceso a documentos –los referidos a la relación amorosa de la reina con el aristócrata sueco Fersen– desconocidos para el escritor inglés. Por otra parte, Zweig es más sensible que Belloc a la intimidad de una mujer que, en su relato, supo elevarse en los últimos momentos hasta la dignidad del papel trágico que la historia le tenía reservado. Belloc no es tan delicado, pero también es un gran escritor, y de su María Antonieta nos interesa hoy, lejos del retrato sentimental de Zweig, la pintura más ruda, pero igualmente fascinante, de las gigantescas fuerzas políticas y culturales de que aquélla fue víctima.

Las paradojas, como en un texto de Chesterton, se suceden una tras otra. María Antonieta, según Belloc, acabó pagando con su vida la alianza entre Austria y Francia, que desnaturalizó la vocación nacional francesa y contra la que se hizo, en parte, la revolución: la reina nunca entendió a Francia, y Francia, país misógino donde los haya, al menos en ciertas cosas, se lo hizo pagar con creces.

También fue víctima de la Revolución Americana, que arruinó a la Monarquía francesa, propició la revolución en el Hexágono y crearía lo que acabaría siendo la única potencia occidental capaz de defender la idea misma de Europa. Y, además, fue víctima de ese primer totalitarismo que, en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, se empeñaría a partir de ahí en destruir aquello mismo que invocaba.

María Antonieta, tan antiguo régimen en tantas cosas, acaba siendo tan contemporánea nuestra, o más, que sus verdugos y los cómplices de éstos. Este personaje tan superficial, tan frágil, en más de un sentido tan insignificante y en otros tan antipático, acaba simbolizando aquello mismo contra lo que combatiría Belloc en sus obras futuras, el ya citado neopaganismo.

Esta biografía, superada en algunos asuntos, sigue siendo una obra llena de intuiciones geniales acerca de la Europa que entonces empezó a emerger, sobre la que Belloc reflexionó sin descanso. Nunca se resignó a su triunfo ni se hundió en la desesperación, como sí le ocurrió a Zweig. (Véase a este respecto el ensayo que escribió otro escritor católico, y francés, Georges Bernanos, cuando tuvo noticia del suicidio de Zweig en Brasil, donde él mismo se había refugiado). La obra entera de Belloc, también esta biografía, testimonia de su negativa, tan propiamente británica, a plegarse a lo que con tanta lucidez y tanta febrilidad estaba diagnosticando.

Para terminar, citaré un pasaje del libro:

Cuando una sociedad se está acercando a una convulsión como la que se aproximaba para Francia, el ritmo del cambio aumenta prodigiosamente con cada paso hacia la catástrofe. "¡Eso no puede ocurrir! ¡Tal cosa no puede ni soñarse!". Pero tales cosas llegan a suceder, y por último, todos se sienten impotentes espectadores de un proceso tan fuerte y rápido que no hay ciencia humana que lo pueda detener. La literatura política en tales momentos se dedica sólo a la crítica o a teorizar; ya no defiende su causa; menos aún puede dirigir. Así ocurre hoy en más de una nación de la Europa occidental; así ocurría a fines del reinado de Luis XV.

Como se ve, Hillaire Belloc alcanza cuando quiere la altura de un clásico. Es decir, la de quien está de permanente actualidad.


HILLAIRE BELLOC: MARÍA ANTONIETA. Ciudadela (Madrid), 2007, 510 páginas.

Pinche aquí para acceder a la página web de JOSÉ MARÍA MARCO

sábado, 3 de febrero de 2007

Holocausto. Recuerdo y representación

La globalización del recuerdo del Holocausto constituye hoy en día un paradigma de memoria ejemplar. Al mismo tiempo, los debates y polémicas sobre la representabilidad de la Shoah no hacen sino valorizar la libertad de expresión. Por el contrario, defender la especificidad de Auschwitz para a continuación trazar paralelismos imaginarios y construir amalgamas identitarias revela todas las falacias y equívocos que subyacen al concepto de memoria histórica de los actuales gobernantes de España. Un perfecto ejemplo de "abuso de la memoria", del que este libro no está exento.

Tampoco está libre del temor que la revolución de la información y el desarrollo tecnológico despiertan en parte de la izquierda. Basta recordar las admoniciones contra la modernización contenidas en el Manifiesto comunista y puestas al día por la Escuela de Frankfurt, una de las principales referencias del autor en su teorización sobre los medios de comunicación, la producción cultural y las identidades colectivas.

A juicio de Baer, éstas se encuentran amenazadas por el caos creado por el "crecimiento desproporcionado de la información", algo que debe combatirse por la memoria. Argumento ahistórico –o antihistórico– y autoritario, pues pretender la fijación de una "cultura cívica global" es imposible sin un ejercicio previo de censura y canonización. ¿A quién corresponde dictar lo que debe o no ser recordado? ¿Debe haber interpretaciones proscritas?

Son cuestiones que el autor deja sin resolver, aunque celebra –de forma algo ingenua– que la construcción de la memoria haya dejado de ser monopolizada por el Estado. Sin embargo, algunos pensamos que ha ocurrido todo lo contrario, especialmente en nuestro país –por no mencionar la parte del mundo que ha vivido y sigue viviendo bajo regímenes totalitarios y teocráticos–, donde una versión oficial de la historia por decreto ha sido reemplazada en leyes ordinarias y estatutos de autonomía por otra igual de parcial y engañosa que criminaliza a quien la cuestiona. Si a esto le unimos el afán por recrear una España partida en dos identidades políticas puras e irreconciliables, una absolutamente buena y otra inherentemente perniciosa, estaríamos conformando justo el tipo de abuso de la memoria contra el que el libro alerta.

Sin embargo, ni las incoherencias teóricas ni la prescindible presentación de Reyes Mate, algunas de cuyas afirmaciones no dejan de resultar sorprendentes en un intelectual y maestro de su talla, restan valor pedagógico a esta obra como fuente de información y reflexión sobre el recuerdo del Holocausto. Ni el simplismo del filósofo a la hora de tratar la guerra civil española –el primer episodio de la lucha contra el fascismo– ni su apego a la historiografía soviética sobre la Segunda Guerra Mundial –conflicto saldado, según él, por los países aliados con la ayuda de los Estados Unidos– consiguen ensombrecer la brillante y esclarecedora investigación en torno a la representación de la Shoah contenida en Holocausto…

Este discurso chocante e inopinado resulta además útil a la hora de ilustrar el doble error de olvido y camino errado que Mate denuncia respecto a los españoles y la "cuestión judía", precisamente el que él elige para tratar otros episodios de la historia.

Volviendo a la memoria del Holocausto, tras su invisibilidad durante la posguerra, debida según Baer a la conversión de Alemania en aliado y a los erróneos paralelismos entre Hiter y Stalin –hipótesis débil, sobre todo si pensamos en el persistente silencio de la URSS–, se produce en los años 60 y 70 una singularización del genocidio judío. Eventos como el juicio contra Adolf Eichmann (1961), el proceso de Auschwitz (1963-65) y la posterior apropiación del Holocausto como elemento identitario de la comunidad judía americana, sobre todo a través de la obra del superviviente Eli Wiesel, convierten la Shoah en un fenómeno misterioso y por ende irrepresentable.

Este status cambia de forma radical a partir de 1978, fecha de emisión de la serie televisiva Holocausto e inicio del controvertido proceso de "americanización" y "globalización" de la Shoah. Comienza en esos años un debate en torno a los límites de la representación y la banalización de la Shoah en el que el relativismo posmoderno y el revisionismo histórico, que Baer considera un eufemismo de las tesis negacionistas –y en el que parece incluir al historiador Ernst Nolte, imputación harto exagerada–, han jugado un importante papel como creadores de confusión, por no mencionar las sempiternas críticas contra el capitalismo formuladas por los marxistas Marcuse y Adorno, quien incluso llegó a "descubrir" las conexiones estructurales entre la industria cultural y el antisemitismo.

Los capítulos más interesantes e instructivos son los dedicados al papel del cine, la fotografía y la museística en la representación del Holocausto. Así, se narra la polémica suscitada por la serie Holocausto (1978) y los largometrajes La lista de Schindler (1994) y La vida es bella (1998), y se da cuenta de las críticas que estas producciones recibieron desde la revista francesa Cahiers du Cinema, cuyos articulistas denunciaron la incorporación de elementos de la cultura americana y la ruptura de un supuesto canon de sobriedad establecido por Lanzmann en Shoah (1982), obra creada como respuesta a Holocausto. Este academicismo es sin embargo puesto en duda por Baer, para quien la existencia de una "dicotomía válida entre memoria trivial y seria" es cuanto menos cuestionable.

Por lo que respecta a la fotografía, su profusión como medio de reeducación de la población alemana por parte de los aliados en la posguerra no causó el efecto deseado, pues los alemanes no se vieron como responsables; además, los errores en la clasificación del material proporcionaron argumentos a los negacionistas. Más efectiva como instrumento pedagógico fue la exposición, en 1955, de las imágenes tomadas por los propios militares alemanes, que entre otras cosas derribó los mitos de la ignorancia del pueblo y de la pureza del ejército del Reich.

Por último, las transformaciones sufridas por algunos de los museos y salas dedicados al Holocausto reflejan el interés por favorecer un encuentro emocional y la inmersión en la historia; no obstante, se podría caer en el sentimentalismo, la estridencia y la trivialización.

A todas estas discusiones subyace el espinoso tema de la estetización del horror, algo común a las representaciones artísticas de casi todos los tiempos y a lo que el Holocausto no ha sido ajeno. Hasta qué punto es inútil sustraer la Shoah a esta modalidad creativa es una reflexión obligada, a la que Holocausto… exhorta y a la que aporta algunas claves fundamentales.

El libro se cierra con un interesante capítulo sobre España y la memoria del Holocausto, tema incómodo debido a las relaciones de Franco con Hitler y al desconocimiento del tema judío en nuestro país. Si a esto le sumamos la conversión de las víctimas en verdugos, discurso difundido en los últimos años por una parte nada marginal de la izquierda, incluidos importantes políticos del PSOE –fenómeno llamativo sobre el que el autor pasa de puntillas–, el paulatino cambio que Baer percibe, y cuya máxima expresión sería la declaración por parte del Gobierno socialista del Día Oficial de la Memoría del Holocausto –aquí sí parece relevante la mención de unas siglas partidistas–, se antoja excesivamente optimista.

Las últimas páginas están dedicadas al memorial de Rivesaltes, cruce de memorias entre los judíos y los republicanos españoles huidos del franquismo e internados en Francia y un modelo de referencia positivo que intenta soslayar los conflictos que generan las memorias grupales e identitarias. Esfuerzo sin duda loable y que por desgracia se echa en falta en algunos de nuestros intelectuales más importantes, que anteponen militancia a ilustración y propaganda a información, y que bien por descuido, ignorancia o fervor partidista no hacen sino echar leña al fuego de un debate artificioso y fútil debido, precisamente, al dirigismo estatal.

En este contexto, sustituir memoria por amalgama sólo introduce una nueva aporía en la de por sí enredada cuestión de la historia española reciente.


ANTONIO GOLMAR, politólogo y miembro del Instituto Juan de Mariana.
ALEJANDRO BAER: HOLOCAUSTO. RECUERDO Y REPRESENTACIÓN. Losada (Madrid), 2006, 267 páginas.

viernes, 2 de febrero de 2007

Quien exalta la civilización Maya en realidad está renegando de Occidente.

La polémica desatada por Stefano Zecchi sobre la película Apocalypto es demasiado importante como para dejarla pasar. Estoy totalmente de cuerdo con Zecchi cuando sostiene que quien permite circular la pornografía más cruda en televisión, el cine o los periódicos al alcance de cualquier niño, no tiene derecho a lamentarse de la violencia en el cine. Todo lo contrario, la violencia puede tener un valor pedagógico, nos puede enseñar que las guerras y las civilizaciones antiguas se basaban en la crueldad y la sangre —mucha sangre— y no símplemente bonitas estatuas, limpias y pulidas que podemos admirar en los museos.

Sin embargo uno de los juicios de Zecchi me ha dejado perplejo, cuando define la película de Mel Gibson como «esencialmente idiota» por que presenta a los m ayas como una «caterva de maniáticos asesinos y violentos», invitando a leer como antídoto el libro de William Prescott. En fin, los dos clásicos de Prescott: La conquista de México y La conquista de Perú, fueron escritos en 1843 y 1847. Prescott era un abogado de poquito éxito que se metió a divulgador histórico. Para redactar sus obras se basó en una literatura inglesa nacida con evidente propósito de propaganda antiespañola. Puritano de Salem —la ciudad de Massachussetts famosa por la caza de brujas—, Prescott era también un fanático anticatólico. Su tesis era que España y la Iglesia destruyeron civilizaciones admirables por pura sed de conquista y de poder.

Hoy en día todos reconocen la elegancia del estilo de los libros de Prescott, paro a nadie se le ocurre pensar en ellos como fuentes históricas. Por otra parte ciento sesenta años atrás el estudio científico de los mayas y los aztecas estaba en sus comienzos.Él pensaba que las descripciones que los españoles habían hecho de estas civilizaciones —en particular la insistencia sobre el sacrificio humano— tenía fines propagandísticos. Hoy las investigaciones arqueológicas y antropológicas que se han profundizado en el asunto —no confundir con la teoría anterior que no es más que un arma impropia del relativismo y el anticolonialismo— han demostrado que los informes españoles eran sustancialmente fieles a la realidad.

Muchos antropólogos se han rebelado contra Apocalypto no porque nieguen que el sacrificio humano fuese el centro de la civilización maya —saben bien que así fue— si no por que piensan, en nombre del relativismo, que no tenemos ningún derecho a juzgar a otras culturas. Así el antropólogo Traci Ardren tacha a la película de «racista» y sostiene que «desde el punto de vista maya, el sacrificio humano era una profunda experiencia espiritual». Quizá no pensasen lo mismo las víctimas. El asunto es importante porque todavía hay sacrificios humanos. Cualquiera puede leer La última noche, el escrito remitido por el jefe de los terroristas del 11 de septiembre, Mohammed Atta, para quien es evidente que el atentado de Al Qaeda era «una profunda experiencia espiritual», mientras que para nosotros fue un verdadero sacrificio humano, de víctimas inocentes a manos de una ideología criminal. ¿Recuerdan? El problema lo presentó entonces Silvio Berlusconi, al que agredió media Europa por declarar que la civilización occidental era superior a la islámica, como ponían de manifiesto aquellos terroristas. Hoy Gibson sostiene, tal vez brutalmente, que una cultura que rechaza el sacrificio humano es superior a una que lo convierte en el centro de su misma existencia. Prohibir de modo relativista este tipo de juicios, e insistir en que todas las culturas tienen el mismo valor, haciendo tal vez una antropología políticamente correcta, supone arrancar de cuajo las raíces sobre las que sostienen a Occidente.

Massimo Introvigne Sociólogo y EscritorFundador y director del CESNUR.

Traducción: Juanjo Romero .

Orig. Italiano en Il Giornale8.I.2007