viernes, 24 de agosto de 2007

'Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental', por Thomas E. Woods Jr.

Además de Grecia y Roma, el cristianismo aportó una liberación de la razón: universidades, cinetíficos, derechos y cultura.

La era de la información es también la de los tópicos. Se queja el autor de la imagen sesgada, cuando no directamente manipulada que tienen los americanos de la Iglesia católica y de su historia. Digamos que, lamentablemente, lo mismo pasa en Europa y que, incluso los mismos creyentes contemplan su pasado con una mezcla de resignación y sonrojo.

Lo cierto es que sin la Iglesia Europa no existiría como tal y por tanto tampoco la cultura occidental. Esta verdad, conocida por los estudiosos que no se acercan a los hechos con las anteojeras del anticlericalismo, no ha llegado al amplio público que sigue viviendo de los slogans que repiten los medios y cacarean los pedantes desde los púlpitos del resentimiento. Hacen falta obras divulgativas que den a conocer el papel decisivo del cristianismo. Estamos ante una de ellas.

Thomas E. Woods aprovecha las investigaciones recientes que empiezan a hacer justicia al pasado y ponen en evidencia que, sin el catolicismo, Europa no habría pasado del estado de barbarie. Para ilustrarlo sigue un método bien simple. Toma en consideración algunos puntos importantes: la ciencia, la Universidad, el Arte, la economía, el Derecho… y muestra como la Iglesia fue la matriz decisiva para su progreso.

Es cierto que la cultura occidental bebe también de otras fuentes, como Grecia o Roma, que fue una especie de cruce de caminos actuando de transmisora de los mejor de la cultura antigua, pero el cristianismo aporta un factor decisivo.

Simplificando podríamos decir que libera a la razón y la conduce hacia lugares que pensaba imposibles. Es por ello que mientras la cultura china colapsa, a pesar de haber hecho algunos descubrimientos antes que Occidente, en Europa alcanza verdadera carta de naturaleza.

Haciendo un poco de historia

Muy interesante el apunte sobre el papel de la Edad Media al respecto, que de oscuro
no tiene más que las legañas con que la miran los orgullosos ilustrados.

Pero, además, ¿por qué el papado protege y alienta las Universidades? ¿Sabe alguien hoy que muchos científicos fueron religiosos o sacerdotes? ¿Se reconoce el papel de los monjes y los monasterios en la educación de lo que después sería Europa y que gracias a ellos muchas tierras baldías se volvieron cultivables?

¿Por qué se ignora que el Derecho internacional, de gentes en la terminología de la época, nació en la Universidad de Salamanca de la mano de sesudos dominicos? Estas y muchas otras preguntas dejarán de hacerse después de la lectura de este ameno e informado libro.

Lo recomendamos para el lector medio, pero especialmente para el estudiante que ha de soportar la vacuidad de la LOE en los centros de enseñanza media. Una vez más la divulgación no significa pérdida de calidad en la exposición ni de rigor.

lunes, 20 de agosto de 2007

Ingmar Bergman. La muerte ganó la partida

Antonius Block tuvo más fortuna. Supo llegar al jaque mate de la Muerte con la paz de haber encontrado un cierto sentido a su vida. Su creador, Ingmar Bergman, se ha ido con su angustia sin resolver.

Con él se ha ido uno de los últimos existencialistas modernos. Después de él sólo queda postmodernidad light. Ha muerto uno de los últimos mohicanos del cine más sólido europeo del siglo XX. Quedan Rohmer, Olmi y Oliveira. Bergman llenó las salas de los cines y de los teatros de espectadores llenos de preguntas sobre el sentido de la vida, de la muerte, del dolor y de la existencia de Dios. Bergman luchó con su tradición luterana hasta hacerla trizas, transformando su pregunta religiosa en un grito sordo lanzado a la nada.
Con él desparece lo que una generación entera de cinéfilos llamó “cine de tesis”, desaparece el que supo llevar a sus actores a las más altas cotas de la interpretación, el que situó al primer plano en la cumbre de los recursos expresivos.

A lo largo de los años Bergman fue evolucionando, desde la búsqueda incansable de un alma metafísica hasta un ronco escepticismo desencantado. Sus grandes cuestiones filosóficas de sus primeros títulos dejaron paso a una obsesiva y asfixiante disección sin horizonte de las relaciones sentimentales. Una conciencia de culpa cerrada sobre sí misma se cierne sobre los personajes de sus últimas películas, incluso en las que sólo figura como guionista.

Con su gran interrogante sin responder

Su gran testamento fue Fanny y Alexander, aunque no su
última película. En aquella obra maestra, Bergman convocó a sus grandes temas para un último y sonado levantamiento de telón. La dirección artística más deslumbrante de toda su carrera arropó un repertorio de altura en el que se dieron cita cuestiones biográficas, dudas metafísicas, ajustes de cuentas y heridas sin curar. Todo ello para concluir con las siguientes palabras en boca de uno de los personajes: “Nosotros no hemos venido al mundo para desvelar sus misterios, no estamos equipados para semejantes menesteres y es mejor que ignoremos los grandes interrogantes, porque vivimos en nuestro pequeño mundo. Nos contentamos con eso. [...] Pero para ello es necesario saber hallar el placer en este nuestro pequeño mundo: buena comida, amables sonrisas, árboles frutales en flor, melodiosos valses...”

De esta manera, Bergman se apeaba de su lucha con el misterio de Dios que tanto nos conmovió en El séptimo sello o Los comulgantes, y se declaraba vencido por el materialismo más romo. Aun así, Bergman es ya un monumento de la autoconciencia del hombre occidental del siglo XX. En él se conjugaron todas las contradicciones del europeo moderno, escindido entre una tradición religiosa en retirada y un nihilismo vencedor y disolvente. Ahora ya sabe lo que la Muerte le escamoteó en ese confesionario de El séptimo sello. Ahora ya no ve Como en un espejo. Ahora ya no necesita jugar al ajedrez para distraer a la muerte. Ya está en la Isla de Faro que nunca perecerá.

Juan Orellana
ACEPRENSA

Harrry Potter and the Deathly Hallows

Como era de suponer, en este libro todo está orientado a ir respondiendo a las preguntas que habían quedado en el aire. Poco a poco, se van recomponiendo los sucesos del pasado y se aclaran los misterios: el origen de la particular unión mental de Harry con Voldemort, el papel que juega Snape, las razones y los pasos en falso de Dumbledore... No hay elementos o personajes nuevos que sean dominantes y, como en las demás novelas, la autora usa la misma estrategia narrativa de dosificar la información cuidadosamente.

Esta vez las novedades se han de buscar en las situaciones, como la boda entre Bill Weasley y Fleur Delacourt, en algunos encantamientos, como la sensacional capacidad del pequeño bolso de Hermione gracias al “Undetectable Extension Charm”, en la fuerte personalidad de algunos secundarios como Griphook, un goblin con un carácter resentido y malhumorado como el de los enanos de Tolkien.

Como corresponde a un argumento de persecución, hay menos lugar para la broma y más situaciones de tensión: escenas de acción con salvaciones en el último momento; momentos de lucha interior de Harry en torno a qué debe hacer y qué no; peleas dialécticas con intercambio de reproches y arrepentimientos posteriores.

Queda de relieve el talento de Rowling para construir una trama intrincada que no se le va de las manos –se ve que sabía bien lo que hacía desde los comienzos–, y que resulta convincente para el lector interesado –todo tiene lógica interna e incluso son aceptables las opciones por caminos más cómodos–.

Todo se va aclarando con admirable coherencia

En cuanto a los contenidos, a lo largo del relato se subrayan algunas ideas ya conocidas. En lo que tiene de novela de pandilla, la importancia de una amistad leal, de combatir los celos y las rivalidades egoístas, de comprender a los demás y saber rectificar. En lo que tiene de novela colegial, sobre todo se destaca que los chicos piden a sus educadores que sean coherentes y que les cuenten la verdad: buena parte de los conflictos interiores de Harry se centran en esto. En lo que tiene de novela de aventuras, se carga el acento en la responsabilidad del héroe y en que la inconsciencia propia de la edad no es un argumento para justificar algunas elecciones morales: a Harry le molesta que se intente justificar a un adulto que se comportó mal cuando era joven... como él lo es ahora.

En torno a la muerte

De todos modos, el tema central de esta historia es la muerte, como ya el título sugiere, y el poder salvador del amor. Cuando, en la tumba de sus padres, Harry lee la inscripción “El último enemigo que será destruido es la muerte”, manifiesta su sorpresa y Hermione le aclara que eso no significa derrotar la muerte tal como lo entienden los Death Eaters; «eso significa... vivir más allá de la muerte, vivir después de la muerte».

Más tarde, a Harry le queda claro que se ha de aceptar la muerte y que “hay cosas en el mundo que son mucho peores que morir”. Y, más adelante, recibe otro consejo en esa dirección: “No tengas compasión de los muertos, Harry, ten compasión de los vivos y, sobre todo, de los que viven sin amor”.

Se puede apuntar también que, como muchos leerán esta novela con lupa, seguramente adquirirá relevancia la discusión acerca de la figura de Dumbledore. Se cuentan con detalle sus errores de juventud y sus coqueteos con el deseo de poder, un eco del tema central de El señor de los anillos, y se revelan los aspectos de su conducta que no quedaron claros en anteriores relatos. Sin embargo, habrá quienes piensen que sus tácticas son más que discutibles, tanto en sus planteamientos educativos como en sus decisiones de combate contra sus enemigos. Por eso quizá convenga terminar recordando, una vez más, que nos encontramos ante una novela de aventuras y no ante un tratado educativo.tumba de sus padres, Harry lee la inscripción “El último enemigo que será destruido es la muerte”, manifiesta su sorpresa y Hermione le aclara que eso no significa derrotar la muerte tal como lo entienden los Death Eaters; «eso significa... vivir más allá de la muerte, vivir después de la muerte».

Más tarde, a Harry le queda claro que se ha de aceptar la muerte y que “hay cosas en el mundo que son mucho peores que morir”. Y, más adelante, recibe otro consejo en esa dirección: “No tengas compasión de los muertos, Harry, ten compasión de los vivos y, sobre todo, de los que viven sin amor”.

Se puede apuntar también que, como muchos leerán esta novela con lupa, seguramente adquirirá relevancia la discusión acerca de la figura de Dumbledore. Se cuentan con detalle sus errores de juventud y sus coqueteos con el deseo de poder, un eco del tema central de El señor de los anillos, y se revelan los aspectos de su conducta que no quedaron claros en anteriores relatos. Sin embargo, habrá quienes piensen que sus tácticas son más que discutibles, tanto en sus planteamientos educativos como en sus decisiones de combate contra sus enemigos. Por eso quizá convenga terminar recordando, una vez más, que nos encontramos ante una novela de aventuras y no ante un tratado educativo.

Luis Daniel González
ACEPRENSA

sábado, 18 de agosto de 2007

¿Belleza saludable en la mujer?: no es lo mismo vestirse para una fiesta que para la playa

No es el mismo «atuendo» el que se usa para ir a la playa que para estar en cuarto de baño, ni el que se elige para una fiesta que el que se pone para ir de compras o recados por la calle; ésta verdad hoy está cuestionada, o por lo menos desprestigiada, en la realidad de la sociedad en la que vivimos: en la playa se está como en el cuarto de baño y en la calle o en una fiesta como en la playa.

Si es cierto que la forma de vestirse delata el interior de la persona; si aceptamos que la moda impone sus reglas y sus leyes ( la mayoría fomentan la anorexia porque son tallas muy pequeñas ) y resulta difícil no encontrar trasparencias o escotes excesivos o estrecheces; y si dudamos de cómo debemos vestirnos porque no queremos ir contracorriente por no ser tachados de noñería, quizá podamos ser definidos como personas con falta de personalidad, o de buen gusto o de opinión personal consolidada. Optar por una belleza saludable puede consistir más o menos en esto: estilo propio y ecológico, búsqueda de la comodidad y del sentido práctico, y oferta adecuada a la edad, al tipo y al trabajo u ocupación que cada uno desarrolle. Será saludable si nos sentimos bien con lo que llevamos, si podemos movernos sin problemas y sin convertirnos en un escaparate; el valor de la belleza hay que descubrirlo dónde reside, es decir, en el interior de la persona, en el conjunto de la persona, porque se admire no sólo se mire o se vea lo que debe estar oculto por privacidad.

Dos películas conocidas nos han trasmitido este mensaje, por un lado, «la Bella y la Bestia», esos dibujos animados repletos de ternura y colorido, y por otro, «Mía Sarah», otra forma de hacer cine, muy saludable, y con vestuario actual y ponible. Me atrevo a aconsejar a los diseñadores, a las firmas comerciales, a los empresarios de moda, que reflexionen en este tiempo de vacaciones, en este período de descanso mental, sobre esta acuciante necesidad de la sociedad: la mujer merece no ser manipulada, la mujer exige ser respetada en su dignidad, la mujer puede inspirar otro tipo de moda que la vista y no la desvista, pero hay que tener el coraje necesario para emprender esta aventura y luchar contra la corriente; es posible conseguirlo, pero hay que intentarlo: en cuanto algún diseñador destaque por su innovación saludable, la sociedad bienpensante le seguirá y su realidad se convertirá en futuro; espero que algún empresario recoja el guante y se tire sin paracaídas.

Marosa Montañés Duato
Periodista.
Presidenta mujeres periodistas del mediterráneo.
conoZe.com
6.VIII.2007

martes, 14 de agosto de 2007

Ratatouille



Dirección: Brad Bird

Guión: Brad Bird

Música: Michael Giacchino

Distribuye en Cine: Buena Vista

Duración: 115 min.

Público apropiado: Todos

Género: Animación


El arte de cocinar

El tercer largometraje de Brad Bird confirma su talento como realizador. Después de la notable El gigante de hierro y de la sobresaliente Los Increíbles, Bird ha elegido una historia muy arriesgada, consciente de que Pixar podía asumir los retos, también económicos: 100 millones de dólares de presupuesto.

La empresa de animación de John Lasseter, productor ejecutivo de la cinta, ha establecido unos estándares de calidad que dan vértigo. Y en Ratatouille vuelven a quedar patentes: sin el extraordinario trabajo de los animadores y técnicos de Pixar la película no funcionaría. Hacer una película sobre una rata de campo que sueña con ser una estrella de la alta cocina francesa en un restaurante parisino es de todo menos convencional. La repugnancia natural que los humanos tenemos por las ratas siempre estará ahí, por mucho que otras películas de animación hayan procurado presentarnos a ratones simpáticos y pulcros.

Pero juntar ratas y comida, meter a una rata en una cocina es jugar muy fuerte, aún más si se renuncia al cómodo expediente de permitir que los roedores y las personas puedan hablar entre sí.

Lo más sorprendente del gran guión de Ratatouille es la manera de establecer las relaciones entre los roedores y las personas, con unos conflictos verdaderamente ocurrentes y una excelente progresión dramática que culmina en uno de los mejores clímax de la historia del cine de animación. La película juega una y otra vez con la manera de conciliar las aspiraciones de los roedores con las de los hombres usando como escenario de convivencia la cocina de un restaurante parisino. Bird ha escrito un guión con hallazgos verdaderamente geniales aunque sobran 15 minutos de metraje (podrían haberse obviado algunos largos diálogos de un didactismo un poco cargante).

En el diseño de personajes, Pixar sigue siendo Pixar: al espectador se le abre la boca de admiración, especialmente por el dominio de la gestualidad de los personajes, que en el caso de Remy, la rata azul que protagoniza la cinta, es prodigioso. La calidad de la fotografía y el montaje dan brillo a un diseño de producción esmeradísimo, con una gran recreación de París y unas atmósferas tremendamente conseguidas. Las secuencias de acción, gracias al dominio de la animación de los movimientos violentos, tienen un gran dinamismo, realzado por la acertada partitura musical de Giacchino.

Y procuren llegar puntuales a la proyección: el cortometraje Abducidos (una autoescuela para marcianos), dirigido por el hasta ahora editor de sonido Gary Rydstrom, es divertidísimo.

(Aceprensa / Almudí AG-ER)

miércoles, 4 de julio de 2007

Cristina, hija de Lavrans (Sigrid Undset)

Encuentro. Madrid (1997). Tres volúmenes: 280, 381 y 411 págs. Traducción: Rosa S. de Naveira.

Los lectores interesados en la literatura con mayúsculas están de enhorabuena con esta nueva edición en español de la mejor novela de Sigrid Undset (1882-1949), la escritora noruega que recibió el premio Nobel en 1928. Se trata de una novela densa y extensa, que se publica en tres volúmenes como ocurrió con la primera edición en Noruega (1920-22), poco antes de que la autora se convirtiera al catolicismo.

La acción se desarrolla en el siglo XIV en Noruega y narra la vida de Cristina en tres partes. La primera, con el título de La corona, relata su infancia y su pasión por Erlend, con quien se acaba casando, a pesar de que eran otros los planes de sus padres. La segunda parte, La mujer, describe la vida de Cristina como esposa y madre, vida no exenta de dificultades ni de conflictos, por el fuerte carácter de los esposos y por las circunstancias políticas de la época. La tercera parte, La cruz, muestra los últimos años de la vida de Cristina: la emancipación de los hijos, la trágica muerte de Erlend y la reclusión de la protagonista en un convento.

Además de la magnífica ambientación de la época y de las bellas descripciones del paisaje noruego, hay que destacar la veracidad de los personajes y de las vicisitudes a las que se enfrentan. Sigrid Undset refleja la complejidad de las vidas de sus protagonistas, en un ambiente en que conviven una fe bastante arraigada con restos de viejas costumbres paganas, pero que ayuda a descubrir la grandeza de los puntos centrales del cristianismo: la caridad, la misericordia, el arrepentimiento, la lucha entre el bien y el mal, la aportación de la mujer al desarrollo adecuado de la sociedad..., sobre todo a través del contraste entre el amor generoso de Lavrans, el padre de Cristina, y el amor egoísta de ésta, hasta que al final de su vida se da cuenta de sus errores. Cristina, hija de Lavrans es una magnífica y profunda recreación de la parábola del hijo pródigo.

Luis Ramoneda (Aceprensa)

Sigrid Undset, pasión nórdica (La obra de una gran luchadora)

Hace más de 50 años fallecía una gran mujer que escribió magníficas novelas. La vida de Sigrid Undset (1882-1949) enseña cómo algunas obras literarias no pueden gestarse sino envueltas en la dignidad de una existencia. La trilogía Cristina, hija de Lavrans proporcionó a Undset el Nobel de literatura en 1928 y un puesto entre los mejores de la novela histórica. La reciente reedición en español de su obra póstuma, Catalina de Siena, hace oportuno el acercamiento pausado a una de las grandes mujeres y novelistas del siglo que termina.

La escritora noruega vino al mundo en Kalundborg (Dinamarca) el 20 de mayo de 1882, el año que también ve nacer a James Joyce y Virginia Woolf. Cuando Sigrid tiene 2 años, su familia se traslada a Christiania, la capital de Noruega, que luego, en 1925, pasará a llamarse Oslo. La temprana desaparición del padre, muerto cuando Sigrid tiene 11 años, la casi continua convivencia con la enfermedad de los seres queridos, un matrimonio, tres hijos, dos guerras mundiales, una ruptura matrimonial, un hijo caído en combate, exilios, estrecheces económicas y la conversión a la Iglesia católica con 43 años son las piezas que componen el puzzle.

Sus padres son Ingvald Martin Undset, catedrático de Arqueología, y Charlotte Gyth de Kalundborg, una distinguida joven de origen danés. Sigrid será la mayor de tres hermanas y crecerá en un hogar culto, donde se habla alemán y francés. Los misterios de las sagas nórdicas y las canciones del folklore escandinavo son habituales compañeros de juego. La primera infancia de Sigrid está llena de los frecuentes viajes del padre por toda Europa. Sigrid adora a su padre, que quiere para ella una esmerada educación, a la vista del entusiasmo de la pequeña por los afanes históricos y arqueológicos del padre, que ha sido nombrado Director del Museo Noruego de Antigüedades.

La prematura muerte de su padre, en 1893, a los 40 años, deja a la joven viuda y a las tres niñas en una difícil situación económica. Sigrid renuncia a un brillante porvenir universitario y, con 16 años, se coloca como secretaria del director de una compañía alemana de ingeniería, en Christiania. Serán diez años de un trabajo en el que acaba por hacerse imprescindible.

Mujeres como protagonistas

Diez años con ratos robados al sueño para escribir su primera novela, ambientada en la Dinamarca medieval. Y mientras, lee: mucha historia y literatura, sobre todo inglesa. Profundamente impresionada por Shakespeare y Chaucer, se abisma en la saga artúrica de la mano de Mallory, mientras lee a las Brontë y a Jane Austen. Se familiariza con escritores escandinavos como Ibsen, Strindberg y Brandes. Con 22 años acaba el manuscrito de su primer libro, una historia romántica, que será rechazado. Dos años después, Sigrid tiene listo un nuevo manuscrito, mucho más breve que el anterior, tan sólo 80 páginas para contar la cruda historia de un adulterio ambientada en la Noruega contemporánea. La novela se publica, siendo primero relegada y luego valorada, gracias al apoyo de un conocido escritor de la época.

En el período 1907-1918 escribe varias novelas de corte realista que abordan las existencias monótonas de personajes insignificantes en oscuras ciudades, el bravo empeño por no abandonarse a la decadencia. Ya están presentes las mujeres como protagonistas absolutas, si bien Undset opta por una sobriedad que a veces bordea la rudeza, ahuyentando el sentimentalismo.

Después de la publicación de su tercer libro, que se vende bien, Undset puede abandonar su empleo como secretaria y dedicarse a escribir. En 1909-1910 viaja por Europa, gracias a una beca para escritores jóvenes. Pasa nueve meses en Roma, y allí conoce al que será su marido, el pintor noruego Anders Castus Svarstad, nueve años mayor que ella, casado y con tres hijos. Sigrid tiene 30 años. Svarstad consigue el divorcio y se casan en 1912. Marchan a Londres, donde uno pinta y la otra se empapa del arte y las letras inglesas (con sitio especial para D.H. Lawrence). A los seis meses, vuelven a Roma, y allí nace su primer hijo, en enero de 1913.

Abandonada con tres hijos

Hasta la ruptura del matrimonio, en 1919, Sigrid tiene tres hijos, y cuida a los tres hijos del anterior matrimonio de Anders. La prometedora escritora se ve totalmente absorbida por la atención de un hogar que incluye dos niños retrasados: la segunda hija de Sigrid y uno de los hijos de Anders. La escritura vuelve al reducto nocturno. El matrimonio, la maternidad, la I Guerra Mundial y la neutralidad noruega vienen a transformar a la mujer y -como se verá- a la escritora.

Anders, su marido, la abandona en 1919, cuando Sigrid tiene 37 años y está embarazada de su tercer hijo. El pintor contrae nuevo matrimonio. Sigrid consigue la nulidad y no vuelve a casarse. Se instala en Lillehammer, donde pone en pie una hermosa y tranquila finca campestre que permita una vida confortable y sana para su hija enferma. Y, después de dar a luz, la viajera y cambiante Sigrid se asienta y acomete su gran obra, la monumental Kristin Lavransdatter (Cristina, hija de Lavrans).

Un libro que es mucho más que una novela histórica. Realmente, bien podría titularse Kristin Sigriddatter. Es la luz al final de un largo túnel, el fruto de un descubrimiento fundamental en la vida y la obra de Sigrid: el descubrimiento del cristianismo y, más concretamente, de la providencia divina y su juego con la libertad de los seres humanos. Concluida la redacción del libro, y tras recibir instrucción de un sacerdote, Sigrid es recibida en la Iglesia católica. Estamos en 1924, y la escritora tiene 43 años.

Crónica monumental

Cristina, hija de Lavrans consta de tres libros -cerca de mil páginas en total-, que abarcan la vida de una mujer noruega del siglo XIV. Habría que acudir a Dostoievski, Manzoni, Von Le Fort o Corti para encontrar en la historia reciente de la literatura un acercamiento tan poderoso como el de Undset a temas como la culpa, el amor, la filiación, el odio, el matrimonio, la fe, la maternidad, la Providencia y la libertad.

Los múltiples protagonistas de esta saga nórdica comparten la sangre indómita de varias generaciones que se agrupan en torno a Cristina, niña, hija, novia, amante, esposa, madre, abuela, viuda. Odios, amores, venganzas, rivalidades, ambición, celos, violencia, pecados y arrepentimiento, crueldad y dulzura se dan cita en un marco grandioso por la nobleza salvaje y tosca de un mundo recién salido del horno, de olores fuertes y definidos.

La excelente acogida en Europa de su trilogía no contribuye a mitigar el escándalo que provoca su conversión en Noruega. El país cuenta con un exiguo puñado de católicos, y se caracteriza por un protestantismo estatal, de un antipapismo muy acusado. Desprecio o temor son comunes en grandes sectores de la sociedad noruega, generados por motivos religiosos -los menos- y por la cercanía al marxismo y al socialismo de buena parte de los intelectuales noruegos. Undset, que ya había librado combates por los derechos de la mujer, sale en defensa de la libertad religiosa, y acaba por asumir una apología encendida de la Iglesia católica. Durante años no cesa de batallar en foros públicos de debate. Son los años -1920-27- de mayor producción literaria: a la saga de Cristina se suma la de Olav Audunssøn, otro monumental relato en cuatro volúmenes.Años de exilio
A los 46 años, el Nobel de Literatura llama a su puerta por la enorme fuerza literaria y moral de sus novelas históricas. Estamos en 1928 y Sigrid Undset relaja su asombroso ritmo creativo. Escribe varias novelas ambientadas en el contemporáneo Oslo, con una presencia continua de personajes de la pequeña comunidad católica noruega y el amor como motor. Publica estudios históricos, traduce al noruego sagas islandesas y escribe varios ensayos literarios sobre las hermanas Brontë y Lawrence. En 1934 entrega a sus editores un relato autobiográfico, Elleve aar, que incluye un homenaje de amor a su familia y, en especial, a su padre.Cuando estalla la II Guerra Mundial acaba de perder a su hija enferma y de publicar el primer tomo de Madame Dorthea, una novela histórica ambientada en la Escandinavia del siglo XIX. Su oposición al nazismo, bien conocida desde los primeros años 30, había provocado el rechazo de sus libros en Alemania. Su hijo mayor, Anders, oficial del Ejército noruego, muere a los 27 años en un enfrentamiento con tropas alemanas a pocos kilómetros de la casa de los Undset. Sigrid escapa a Suecia con el único hijo que le queda. Entre 1940 y 1945 vive en Estados Unidos. Terminada la guerra, vuelve a Noruega, donde muere el 10 de junio de 1949, a los 67 años, sin haber escrito nada más.

En 1951 aparece Catalina de Siena (ver pág. 4), obra póstuma consagrada a la vida de la santa italiana colocada por la providencia en los durísimos años del Cisma y el destierro de Aviñón.

Personajes recios

La obra de Undset está dominada por una concienzuda mirada, sobria y vibrante a la vez, que se detiene en el drama humano cotidiano. Personajes recios, de una grandiosa humanidad, marcados por pasiones con mayúsculas. Undset se aleja del naturalismo gracias a la presencia continua de una religiosidad poderosa y afilada, que nunca es un relleno narrativo en sus relatos. La cuidada ambientación histórica de la Edad Media nórdica aporta un toque de exotismo, muy atractivo para el lector no familiarizado con esos años oscuros. Los personajes femeninos de Undset tienen carisma y solidez, y han sido frecuente fuente de inspiración para otros escritores europeos. Cristina es, quizás, el personaje literario noruego más popular después de Peer Gynt, de Ibsen.

La vida y la obra de la escritora tiene extraordinario peso en su país. En 1995, la actriz y directora Liv Ullmann trasladó al cine el primer libro de Cristina, hija de Lavrans. Actores noruegos dieron vida a las pasiones de una historia que fue fotografiada en los escenarios originales por el gran Sven Nykvist, colaborador habitual de Ingmar Bergman y de otros grandes cineastas. La televisión noruega adaptó la película y la emitió como serie.

Leer a Sigrid UndsetSigrid Undset: * La señora Marta Oueli (1907)* Jenny (1911)* La leyenda del rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda (1915)* Las vírgenes prudentes (1918)* Un punto de vista de mujer (1919)* Cristina, hija de Lavrans (1920-1922)* Nubes de primavera (1921)* Olav Audunssøn (1924-1927)* La zarza ardiente (1930)* Elleve aar [Once años] (1934)* Norske Helgner [Saga de santos nórdicos] (1934)* Madame Dorthea (1939)* Catalina de Siena (1951)

Existen ediciones españolas disponibles de Cristina, hija de Lavrans (1997), Catalina de Siena (1999) y La zarza ardiente (1999) en Encuentro, que ha anunciado la próxima aparición de Olav Audunssön.

La colección de Premios Nobel de Aguilar tiene un tomo doble dedicado a Undset. El libro apareció en 1958 y no ha sido reeditado. Suele encontrarse en bibliotecas públicas e incluye la traducción de las obras más representativas de la escritora noruega.

En Noruega se han publicado numerosos estudios y biografías sobre Sigrid Undset. Destacan entre estas últimas las de Tordis Orjasaeter (1993) y Gidske Anderson (1989). Orjasaeter, profesor de educación especial, pudo acceder a los archivos de la escritora y realizar una impresionante labor de documentación que le permite aclarar muchos aspectos de la vida y la obra de Sigrid Undset. Así pudo demostrar que la larga y penosa dolencia que provocó la temprana muerte del padre de Sigrid fue una enfermedad nerviosa, parecida a la esclerosis múltiple; y no sífilis, como se pensaba. El libro de Orjasaeter recibió el premio Brageprisen al mejor libro de no ficción en Noruega.

Alberto Fijo (Aceprensa)