sábado, 12 de abril de 2008

¿Qué pensar de Harry Potter?

Harry Potter: ¿sortilegio de la mercadotecnia o hechizo literario?

Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios J. R. R. Tolkien.

En su cumpleaños número 11, Harry Potter, un pequeño y escuálido niño inglés -huérfano desde que tenía un año-, se entera de que es mago y por tanto debe asistir al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un estrafalario y desconocido gigante le hace este descubrimiento que abre, para Harry y sus lectores, un mundo plagado de emocionantes y sorprendentes aventuras.

Son ya cuatro volúmenes publicados de la serie de novelas de fantasía cuyo protagonista es el pequeño mago llamado Harry Potter. Traducidos a muchos idiomas, se han vendido por millones en todo el mundo. Las reseñas sobre los libros, su autora -su fantástica vida- y el fenómeno Potter acentúan dos aspectos: el comercial y la moda generalizada.

Así lo vemos, por ejemplo, en la vida de Joanne Katherine Rowling: parece un cuento de hadas, ya que después de diversas vicisitudes, entre ellas el fracaso de su matrimonio, regresó a Escocia con una hija de pocos meses. Sin trabajo, sólo con su seguro de desempleo, escribió su primer libro en los cafés de Edimburgo, con su hija. Incapaz de pagarse un juego de fotocopias, pasó el original varias veces a máquina y lo envió a un par de agentes literarios. Una respuesta salvadora cambió su vida.

Sí, parece cuento de hadas, pero no lo es. La calidad literaria de la autora no es obra de una varita mágica, aunque se valga de ellas en su literatura.

J. K. Rowling ha escrito cuatro volúmenes -y ha prometido otros tres- porque conoce el mundo de la literatura y sabe desenvolverse en él. Admiradora de dos de los más grandes autores ingleses de literatura fantástica del siglo XX, J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis, se suma a su movimiento y aporta su propia visión creando un mundo que atrae -como debe ser en la verdadera literatura fantástica- a todos.

No caeré en el error de decir que son obras que entretendrán a personas de 8 a 80 años, lugar común totalmente falso como la afirmación «todos llevamos un niño dentro». Frases así dañan terriblemente las obras al colocarlas como infantiles.

Es probable que quienes las emiten intenten superar el prejuicio racionalista y positivista revalorando los sentimientos, pero si un adulto aprecia un cuento de hadas generalmente se debe a su calidad literaria, no a ese falso infantilismo. «A los niños no les agradan los cuentos de hadas más que a los adultos, ni los entienden mejor que ellos»

Por otro lado, esas mismas personas suponen que las obras de fantasía «pueden pasar como» literatura, cuando en realidad son un género literario serio. Precisamente Tolkien levanta la voz y subraya que la literatura fantástica es tan literatura como Shakespeare, Cervantes o Dante. Y, por eso, se le exigirá tanto como a ellos y conmoverá tanto como ellos... o no es literatura.

LITERATURA PARA CONSUMISTAS

El mercado parece haber devorado la obra de Rowling; tras el fenómeno de Harry Potter y la piedra filosofal el mundo anglosajón esperó el segundo volumen con miles de reventas en Internet, y millares de niños con sus padres hicieron cola desde la madrugada frente a las librerías para obtener su ejemplar: Harry Potter y J. K. Rowling habían ingresado al mundo de la mercadotecnia como un producto más.

Desde entonces ese mundo se dedicó a enaltecer a la autora para obtener su producto y aprovechar las ganancias. Firmó contratos para cine y para la producción de juguetes, ropa y miles de subproductos basados en el universo de Harry y sus amigos.

¿Es malo ingresar al mercado? Depende. Para una obra literaria puede ser sumamente dañino, podría arriesgar su calidad, pero también puede ser el triunfo esperado por un autor para salir de la pobreza. Rowling lo consiguió: no tendrá que volver a copiar a mano un original para enviarlo a los editores. Según ciertos periodistas, su fortuna personal es de las más cuantiosas del Reino Unido y destina muchos beneficios a instituciones caritativas y de asistencia social.

¿El éxito comercial dañó la calidad de los siguientes volúmenes de Harry Potter? No. Para beneficio de todos, la calidad literaria de Rowling parece incrementarse en cada nuevo libro.

Sin embargo, que sea un producto de moda puede ser mal precedente. La peor recomendación que nos pueden hacer a muchos «lectores asiduos» es: «todo el mundo lo está leyendo». En la época de Homero seguramente era una buena recomendación, pues pocos y críticos lectores constituían ese «todo el mundo». Pero hoy los diarios de mayor tirada suelen ser los de menor calidad y otro tanto se puede decir de las revistas o de multitud de pasquines. Ése peligro corren los libros de Harry Potter.

¿MERCADOTECNIA O FANTASÍA?

Para considerar una obra como literatura de fantasía o cuento de hadas debe, entre otras cosas, dejar claro lo mismo que las obras clásicas: la diferencia entre bien y mal. Homero lo dice de continuo y los buenos libros de fantasía lo remachan. Eso precisamente vemos en Rowling.

La verdad del relato es asunto relativamente secundario, no porque los niños se dejen engañar más fácil que los adultos, sino porque si está bien construido despertará el interés de ambos y comprenderán que «eso» es verdad en ese mundo secundario creado por el narrador. «Los cuentos de hadas, como es obvio, no se ocupaban mayormente de lo posible, sino de lo deseable. Y sólo daban en el blanco si despertaban los deseos y, al mismo tiempo que los estimulaban hasta límites insufribles, también los satisfacían»

Cuando Hagrid, el gigante, le explica a Harry que es un mago importante, una de las primeras cosas que del mundo mágico es que existen magos buenos y malos, que se mezclan, es difícil identificarlos, y viven una batalla permanente. Lord Voldemort, líder de los malos, es «peor que peor» y pertenece al lado oscuro.

La distinción aparece de continuo a lo largo de la saga, al punto que el último capítulo del tomo IV, Harry Potter y el cáliz de fuego, describe cómo quedan las cosas para la gran batalla que afrontará el mundo mágico. En la despedida del curso de Hogwarts, Dumbledore, director del colegio y cabeza de quienes defienden el bien y la verdad, habla de un alumno fallecido: «Recuerden a Cedric. Recuérdenlo si en algún momento de su vida tienen que optar entre lo que está bien y lo que es cómodo, recuerden lo que le ocurrió a un muchacho que era bueno, amable y valiente, sólo porque se cruzó en el camino de lord Voldemort.» (T. IV, p. 626).

En Harry Potter el bien siempre se presenta como arduo, el mal como fácil y cómodo. El bien exige sacrificios mientras el mal pone cualquier medio para alcanzar su fin. Y quien dice el bien, dice el amor. Harry se salvó de la maldición asesina de lord Voldemort porque lo protegía el sacrificio amoroso de su madre, quien murió para salvarlo.

Pero una obra literaria no necesariamente es una moraleja, y menos un cuento de hadas. Harry Potter no reúne moralejas para mentes infantiles. Es ante todo una serie de aventuras con trama propia, con una estructura magníficamente estudiada y desarrollada, no sólo coherente, también con ese toque de suspenso e intriga que atrapa al lector y no lo suelta.

Sorprende que cada nueva novela añada páginas a las precedentes. Parece que conforme se sumerge en su mundo, Rowling descubre más personajes y aventuras, monstruos, enemigos y lugares nuevos. También es capaz de hacer relativamente autónoma cada entrega, se pueden leer por separado aun sin conocer las anteriores. Sin embargo, es recomendable seguir el orden natural para disfrutarlas mejor.

El humor salta con frecuencia para romper la tensión, por ejemplo, los personajes de los cuadros de Hogwarts tienen vida, se mueven, se visitan entre ellos, hablan, y eventualmente se les suben las copas en un festejo; o la frustración de Nick Casi-Decapitado, un fantasma del colegio, quien no puede integrarse a una orden de caballería de fantasmas decapitados por no poder jugar polo con su cabeza.

Lo mismo sucede con la ironía que refleja situaciones muy humanas, como la del profesor de la materia Defensa contra las Artes Oscuras, quien plaga su despacho de fotografías que por las noches se ponen tubos para ensortijarse el pelo y así mostrarlo más atractivo a las alumnas y admiradoras.

SIN CABOS SUELTOS

En la obra de Rowling no quedan cabos sueltos: su capacidad para entrelazarlos es tan amplia que nadie reclama saltos de una trama a otra, las ordena adecuadamente; deja una en suspenso, retoma otra y avanza hasta que cada elemento - una ventana abierta o la presencia de un insecto- queda justificado en algún momento del relato.

Es un trabajo sin soluciones fáciles, con el rigor necesario como para pedirle cuentas por un personaje que no actúa conforme a su carácter o queda excluido de la obra sin una explicación razonable. Rowling reconoció uno de esos fallos: Marcus Flint, alumno del 5° curso en Hogwarts en el primer libro, vuelve a aparecer en el tomo IV, cuando debía haber dejado el colegio porque sólo hay siete grados.

Como Rowling ha aumentado la extensión de los libros conforme aparecen, algunos piensan que el tomo IV, de más de 600 páginas, resulta arduo para mentes infantiles, pero los niños que leyeron los volúmenes anteriores se embeben también en éste porque consigue lo que tanto preocupa a literatos y maestros: atrapar su imaginación.

Sorprende, pues en ocasiones las frases no son sencillas, al menos en sus traducciones, y sin embargo al lector le resulta difícil dejar el libro: se encuentra con una trama en la que suspenso, miedo, situaciones inquietantes, lástima, dolor o alegría piden continuar con cada palabra, cada frase, cada párrafo, cada capítulo y cada nuevo libro.

Mientras intelectuales y educadores desarrollan planes para hacer leer a los escolares, Rowling lo logra con su magnífica pluma, estilo sugerente e imaginación dinámica que conecta con cualquier lector. Algo está pasando cuando niños desde 6 años buscan cada nuevo tomo de la serie y en las escuelas hablan con el lenguaje de los personajes de Rowling.

Me decía una persona que sólo por este hecho valdría la pena comprar y recomendar esos libros; no es argumento suficiente, hay muchos temas eróticos o sensacionalistas que pueden inducir a los adolescentes a la lectura, pero cuando se unen la calidad literaria y la distinción entre bien y mal, estamos frente a una obra poco común que crea el hábito de la lectura.

POCIONES PARA HECHIZAR MUGGLES

La receta de Rowling es imaginar un mundo fantástico con sus propias reglas, su propia lógica, con un sentido de realidad. Es lo que Tolkien llama creación de un mundo secundario «en el que tu mente puede entrar». En el mundo de Harry Potter los personajes mágicos y los no mágicos, muggles, se entrecruzan sin mezclarse. El trabajo principal del Ministerio de Magia «es impedir que los muggles sepan que todavía hay brujas y magos». La razón es clara, como bien le explica Hagrid: -Caramba, Harry, todos querrían soluciones mágicas para sus problemas. No, mejor que nos dejen tranquilos.

Desde el tomo I se distinguen el mundo primario, de nuestra vida cotidiana, y el secundario, también real dentro de su marco. Bins, el único profesor fantasma de Hogwarts, reclama este carácter para la historia de los magos frente a los mitos y leyendas que se difunden como bulos por los corredores del colegio:

«Ya basta -dijo bruscamente- ¡Es un mito! ¡No existe! ¡No hay el menor indicio de que Slytherin construyera semejante cuarto trasero! Me arrepiento de haberles relatado una leyenda tan absurda. Ahora volvamos, por favor, a la historia, a los hechos evidentes, creíbles y comprobables».

¿Qué profesor de historia no haría reclamo semejante ante un mito? Pero cuando el profesor es un fantasma y la asignatura es Historia de la Magia, las cosas cambian. No porque historia y profesor no sean reales, sino porque su realidad pertenece a otro mundo, al de la imaginación y la fantasía, con sus propias reglas y condiciones.

Por ejemplo, cuando Harry recibe una lechuza (medio de comunicación habitual entre los magos) del departamento Contra el Uso Indebido de la Magia, por usarla en el mundo muggle sin tener la edad permitida, y además lo amenazan con expulsarlo del colegio, siempre con la referencia a la fuente originaria de la norma: sección decimotercera de la Confederación Internacional del Estatuto Secreto de los Brujos.

Harry Potter es literatura, no un mero producto de consumo.

EN CASA DE INCRÉDULOS

Antes de su traslado a Hogwarts, Harry vivía con sus tíos, los Dursley, quienes lo despreciaban y humillaban. Esa dureza en el trato de sus familiares forja y define su carácter.

La historia comienza con la llegada del gigante Hagrid al islote donde Harry ha sido confinado por su tío Vernon.

En ese momento Harry descubre su verdadera identidad y la razón de que le sucedan cosas raras cuando se enoja o teme algo, como recuperar en una noche el pelo que su tía le cortó o liberar del zoológico a una boa gigante que habla.

¿Qué es? ¿Un cuento para niños, una chifladura punk o new age? Nada de eso. Nos encontramos ante un nuevo tipo de cuento de hadas en el más puro sentido tolkiano: «Un "cuento de hadas" es aquel que alude o hace uso de Fantasía, cualquiera que sea su finalidad primera: la sátira, la aventura, la enseñanza moral, la ilusión. La misma Fantasía puede tal vez traducirse, con mucho tino, por Magia, pero es una magia de talante y poder peculiares, en el polo opuesto a los vulgares recursos del mago laborioso y técnico. Hay una salvedad: lo único de lo que no hay que burlarse, si alguna burla hay en el cuento, es de la magia misma. Se la ha de tomar en serio en el relato, y no se la ha de poner en solfa ni se la ha de justificar»

Es cuento de hadas o fantástico, en el sentido de que se mueve en Fantasía. «Fantasía cuenta con muchas más cosas que elfos y hadas, con más incluso que enanos, brujas, gnomos, gigantes o dragones: cuenta con mares, con el sol, la luna y el cielo; con la tierra y todo cuanto ella contiene: árboles y pájaros, agua y piedra, vino y pan, y nosotros mismos, los hombres mortales, cuando quedamos hechizados».

Nos encontramos en un mundo diverso y familiar. Fantasía es una tierra que inventamos y a la vez descubrimos, autónoma e independiente, pero íntimamente ligada a nosotros. Es imposible escapar de su influjo, a menos que nos aqueje esa enfermedad de la vida llamada seriedad y «realismo», en el sentido más peyorativo que puede encerrar este término. Porque Fantasía es una tierra alegre y triste, apacible y peligrosa, llena de aventuras, con «un peligro siempre presente» y que requiere de la capacidad de «imaginar».

En el mundo de Rowling cada personaje es humano -incluso los fantasmas, que alguna vez lo fueron- pero se mueve en un universo distinto. Construye personajes definidos, con características propias, muy humanas. Cada cual padece lo propio de su edad y condición: niño o adulto, profesor o alumno, y todos los sentimientos, pasiones y vicisitudes: pereza, valentía, debilidad, soberbia, humildad...

HARRY, SUS AMIGOS Y HOMÓNIMOS

Potter es sencillo, humilde, pero de carácter fuerte. Cuando Hagrid, el gigante, le dice que en el mundo mágico es famoso y en el pub El Caldero Chorreante lo saludan con admiración los parroquianos -magos y hechiceras-, se siente extraño, como si esa admiración y devoción fueran un error; no se considera el mago más famoso que venció al malvado Voldemort, sin siquiera habérselo propuesto, porque nadie puede hacerlo al año de edad.

Harry crece conforme se desarrolla la historia, y sus valores o virtudes crecen por igual, sin estar exento de la debilidad, la ira, el temor, los deseos de venganza, la humillación.

Me parece que también aquí Rowling es deudora de Tolkien. Harry posee características semejantes a Frodo Bolsón, el protagonista de El Señor de los Anillos; seguramente la mayor es considerarse incapaz para la misión que recibe sin buscarla. Pero aparecen igualmente arrojo, valentía, generosidad, ingenio, optimismo y confianza en el personaje protector: Dumbledore, quien aquí ocupa el lugar de Gandalf tiene en El Señor de los Anillos, con las salvedades del caso.
Pero mientras Frodo es adulto, Harry es niño y sus reacciones, debilidades y actitudes son infantiles: le da flojera estudiar, le gusta hacer travesuras y platicar en clase. No es un adulto chiquito. Si lo comparo con Frodo es por la reminiscencia que causa, no porque deban compararse. Son historias diferentes pero similares por pertenecer a Fantasía. El Señor de los Anillos es una historia épica, mientras que Harry Potter es un conjunto de aventuras donde los niños juegan el papel protagónico.

La magia de Harry Potter es deudora de Tolkien y Lewis, pues su autora conoce y admira a ambos, mas no es su repetidora.

El mejor amigo de Harry, Ron, es el penúltimo hijo de los Weasley, una familia pobre. Su pobreza obedece en parte a que son siete hijos. El señor Weasley es un hombre común y corriente, trabaja en el Ministerio de Magia y recibe un sueldo modesto. La madre se afana en los quehaceres del hogar, pues sus recursos no alcanzan para contratar una «elfina doméstica». Su hogar es una casa con añadidos donde viven apretados.

Contrastan con otras dos familias que han aparecido hasta el momento: los Dursley del mundo muggle y los Malfoy del mundo mágico, ambas con hijo único, amplios recursos económicos, una soberbia mayúscula y falta de humanidad y de alegría verdadera, carecen del cariño natural y humano de un hogar.

Hermione Granger, amiga inseparable de Harry y Ron, es una sabelotodo que sólo vive para estudiar. En el cuarto volumen sorprende a todos al conquistar el corazón del jugador estrella de los mundiales de quidditch (un deporte apasionante en el mundo de los magos que, por supuesto, se juega en escobas voladoras). Pero Hermione tampoco es soberbia, soporta el desprecio de cierto sector del mundo mágico por ser hija de muggles, es decir, no es bruja de sangre limpia.
En los personajes vemos, como en un espejo, para seguir parafraseando a Tolkien, los caracteres de personas reales. No porque Rowling lleve a sus historias gente concreta, sino porque resultan verosímiles. Discusiones, pleitos, alegrías y aventuras similares se dan en las escuelas de todo el mundo. A los adultos también les interesan porque en esos niños ven reflejados a los suyos, a otros, e incluso a ellos mismos.

¿MAGIA DIABÓLICA?

Con el éxito editorial y comercial han venido críticas, debates, discusiones y ataques. Incluso se ha acusado a estos libros de inducir a los niños al mal a través de la magia y el vudú. No han faltado críticas en el asunto de Harry Potter por muchos católicos bien intencionados donde se hacen llamados a los padres para que impidan a sus hijos leer los cuentos de Harry Potter.

Lo primero que debemos reconocer es la distinción de dos mundos. Así como en el nuestro rigen las leyes de la naturaleza, en el otro esas leyes pueden ser superadas por técnicas mágicas. Pero, ¿se trata de acciones buenas o malas? Depende. En el mundo mágico de Harry Potter encontramos nítidamente diferenciados los actores buenos y los malos, los personajes viles y los heroicos, quienes desean el reinado del poder por el poder y quienes buscan un desarrollo «natural» que persigue el bien y la verdad.

Harry se encuentra en medio de esta batalla. Su natural carácter lo ha inducido siempre a reconocer y perseguir el bien, pero ha sido decisión propia asumir riesgos mortales para defender este fin. En cada aventura, además, se enfrenta a otros dilemas profundos, como pensar que ciertos personajes son buenos cuando en realidad esconden su malicia, y viceversa.

Una de las mayores riquezas del mundo creado por Rowling es su trasfondo antropológico. Precisamente esa continua sorpresa de no saber quién de los personajes es bueno y quién es malo. Al final se define el carácter moral de cada uno y nos admira esa bondad no descubierta o esa maldad increíblemente escondida. Pero también porque no están determinados a ser buenos o malos, sino que enfrentan su realidad con sus personales elecciones que los convierten en héroes o villanos.

En el corazón del hombre, al menos desde la caída del pecado original, campean el bien y el mal. Cada uno, con sus propias elecciones y acciones va forjando su ser virtuoso o vicioso. Sólo que, como magistralmente dice Tolkien en El Señor de los Anillos, no puede haber alguien tan malvado que no tenga algo de bien en su corazón y pueda elegirlo en el momento culminante de su vida.

NADA POR AQUÍ, NADA POR ALLÁ

Al debatir este tema, la Agencia Católica de Informaciones (ACIprensa, en Internet), envió un excelente servicio del 6 de agosto de 2001, que enfrenta esos temores que han acuciado a algunos católicos y asustado a ciertas mentes proclives a encontrar al demonio por doquier. El servicio recoge las declaraciones del crítico literario Alan Jacobs, quien se sorprende de que esas personas no se asusten ni traten con el mismo rigor a la técnica contemporánea, en manos de niños y adultos. Para Jacobs, el mundo mágico de Rowling es una metáfora de la tecnología y del papel dominante que cumple en nuestra sociedad. Recuerda que ya para Francis Bacon la ciencia y la magia han sido hermanas en la pretensión de controlar la naturaleza, el mundo y al hombre.
¿Qué es más peligroso -me pregunto-: la maldición asesina «Avada Kedavra» en las manos de lord Voldemort, o la bomba nuclear y la ingeniería genética manipuladora de una posible clonación humana? Hoy sabemos que la tecnología sustituyó desde hace mucho a la magia y pertenece a este mundo primario en el que vivimos.

¿Ocultismo? Son realmente divertidas las narraciones sobre las clases y lo chusco de las materias, como para que alguien pueda creer que son verdad en nuestro contexto. Es tarea de padres y maestros enriquecer a los niños con los productos de su imaginación y enseñarlos a distinguirlos del mundo real.

Tal como plantean las cosas algunos de los críticos que apasionadamente critican el tema, Cri-Cri sería un ser cruento y despiadado que enseña a los niños la crudeza del padre desobligado (La Patita) y la falta de cariño entre los seres (El comal y la olla).

He leído los libros de Rowling dos veces para escribir con responsabilidad, máxime tras leer esas críticas. Sin embargo, no encuentro la santería o el vudú como tampoco la difusión de doctrinas neopaganas, de druidas y «wiccans». En cambio, sí encuentro pasajes donde destacan valores como el desprendimiento personal (la generosidad de Harry para con Ron), el heroísmo para luchar contra el mal a fin de salvar a inocentes (cuando Harry salva a Ginny o Ron se sacrifica en un peculiar juego de ajedrez para que Harry haga jaque mate), una valoración de la familia numerosa y de la riqueza personal sobre la material... y muchos otros valores que la misma autora ha reconocido que proceden de su formación cristiana.

Queda un punto por comentar, ¿ese mundo mágico presentado tan amable y agradablemente no induce hacia un sucedáneo de la religión, que sería el new age? Ciertamente, en manos de padres y educadores está que los niños sepan distinguir entre una y otro.

UN NUEVO MUNDO DE HADAS

En el contexto de magos y hechiceras, ¿qué tipo de cuento es éste? Reitero, ser magos y brujas es la condición natural en el mundo secundario de Rowling. Y es parte del atractivo que lleva a gente de todas las edades a buscar el último ejemplar, a recomendarlo o regalarlo. Son cuentos que pertenecen a Fantasía, no son promotores de magia negra.

Pensemos, por ejemplo, cómo juega Rowling con dos factores que encuadran la existencia humana y que en Fantasía son superados de formas inesperadas: el tiempo y el espacio. Durante todo un curso escolar Hermione consigue asistir a dos clases simultáneas en lugares alejados, práctica que le permitirá resolver y evitar un drama.

Si con Harry Potter y la piedra filosofal descubrimos un mundo nuevo en el universo de Fantasía, con las otras tres novelas disfrutamos la riqueza de ese universo, la pluralidad de vetas y rocas inimaginables en el mundo primario. Los niños se deleitan con la variedad de golosinas mientras los adultos se admiran por lo increíble e impredecible del ser humano retratado en los distintos personajes.

Quizá uno de los efectos mejor logrados por Rowling es esconder hasta el final de cada novela la verdadera identidad del nuevo protagonista. En este terreno plasma de maravilla aquella lección que otro anglosajón, Chesterton, trató en El Club de los Incomprendidos, que también podría haberse llamado «Las apariencias engañan».

La saga de Harry Potter ofrece la riqueza de personajes y situaciones dignos de una gran escritora, y la fecundidad y magia del mundo de Fantasía, que admiran y gustan a todo lector de este género, mar en el que tantos naufragan.

La fecundidad de Fantasía es un peligro si el navegante no es un piloto experto capaz de sortear las rocas y caídas de los arrecifes en sus veloces aventuras, o si se pierde en una navegación sin timón por ese mar apacible con corrientes ocultas y ausencia de viento que pueden conducir al aburrimiento y al tedio.

Joanne K. Rowling posee el don natural enriquecido con la profundidad del estudio y conocimiento de los clásicos que le permite ser campeona de esos ríos y mares. Por eso no debe extrañarnos que los adultos lean las novelas de Harry Potter con tanta fruición como los niños: sin duda nos encontramos frente a una literatura de calidad.

Datos curriculares

Ignacio Ruiz Velasco N. es Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana. Doctor en Filosofía por el Ateneo Académico Romano, Italia. Estudios de Maestría en Comunicación por la Universidad Panamericana. Ha sido profesor en el ITAM y en la Universidad Panamericana.
Cfr. J. R. R. TOLKIEN. Los monstruos y los críticos y otros ensayos. Minotauro. Barcelona, 1998. p. 159.

IBID., p. 160.

IBID., p. 163, n. 23: «A mí me han preguntado con mucha mayor frecuencia: "¿Era bueno? ¿Era malo?" Es decir, que [los niños] estaban más interesados por deslindar el lado Bueno del Malo. Y ésa es una pregunta importante tanto en Historia como en Fantasía».

IBID., p. 164.

IBID., p. 162.

IBID., pp. 140-141.

IBID., p. 140

Publicado en la revista Istmo, No. 257, noviembre-diciembre 2001.

lunes, 24 de diciembre de 2007

El cineasta Ermanno Olmi presenta una metáfora sobre Cristo

Recientemente ha tenido lugar el I Congreso Internacional de Teología y Cine, organizado por la Facultad de Teología de Barcelona. La estrella del Congreso fue el famoso cineasta italiano Ermanno Olmi, autor de El árbol de los zuecos y de La leyenda del Santo bebedor. Allí presentó su último film, Centochiodi, una metáfora sobre Cristo. El realizador Xavier Juncosa le hizo una entrevista para un documental de Némesi Film, a la que también asistió Alfa y Omega. Ofrecemos algunos extractos:

Su cine parece ir contracorriente. ¿A qué se debe?

Si para el cuerpo humano y su alimentación es importante la particularidad del lugar físico del que extrae sus alimentos, del mismo modo, al hablar del desarrollo de la personalidad individual, y, por tanto, del carácter distintivo de cada persona, podríamos hablar de la alimentación espiritual y cultural. Está claro que el lugar en el que hemos nacido y vivido tiene unos rasgos particulares y característicos que nos configuran y nos salvan de la homologación de la que advertía Pasolini. Nosotros debemos alimentarnos de culturas que tengan un carácter distintivo respecto a otras. Sólo así puede tener lugar el diálogo, porque, si estamos homologados, ¿sobre qué podemos hablar?

Su última película, Centochiodi, ¿trata de Cristo? ¿Se parece a la de Pasolini?

Pasolini, después de su primera o segunda película, tuvo la ocasión de participar en una reunión en Asís con otra gente del mundo cinematográfico. Estaba el Superior del convento, que amaba el cine, y había reunido a estas personas para debatir sobre el valor del Séptimo Arte. Pasolini acudió, y pasando la noche en Asís, en aquella atmósfera monástica de la celda, encontró en la mesilla de noche la Biblia y el Nuevo Testamento, y antes de dormirse, los estuvo ojeando, y quién sabe si empujado por aquel ambiente y el espíritu de san Francisco, al día siguiente, decidió hacer El Evangelio según San Mateo. Y lo hizo. Todos lo apreciamos e, inmediatamente, reconocimos cómo, en la iconografía cinematográfica de Cristo, en general, aquella era la obra más ajustada a la figura de Jesús.

Yo, con mi último film, Centochiodi, he hecho una película no para representar a Cristo, sino para remitir a la imagen de Cristo a través de otro hombre, un hombre común, porque creo que Cristo no puede ser representado en el cine. Lo que yo hago es contar la historia de un hombre que se asemeja mucho a Cristo, pero que no es Cristo. Viéndole, oyéndole, recordamos a Cristo, sentimos sus huellas. Pero somos nosotros losque interpretamos que es Cristo, teniendo ante nosotros un interlocutor que sabe perfectamente que no lo es.

¿En qué sentido se siente usted heredero del neorrealismo?

Cuando en 1959 estrené mi primer largometraje, Il tempo si é fermato, se escribió sobre su vinculación con el neorrealismo. El neorrealismo nace de una condición impuesta por la pobreza. La pobreza es maestra de vida, porque te impone la esencialidad. Pasolini se declaró entusiasta de mi película, porque los lugares, las personas..., pertenecían realmente al ambiente de la historia que yo estaba contando. Esto es algo que sólo puede hacer el cine. Esas personas -que no eran actores- interpretaban ese tipo de humanidad porque ellas eran esa humanidad. Esto no lo puede hacer el teatro: establecer una relación estrecha entre aquellos que, sobre el escenario del mundo, tienen algo que contar. Es como los ingredientes genuinos de una buena cocina. El director sólo debe dar unas indicaciones sumarias, y el actor no profesional, espontáneamente, resolverá la situación. Aquellos jóvenes que no eran actores profesionales y que aspiraban a encontrar un puesto de trabajo, llevaban su espera dentro del alma, con un sabor escondido que se volvía evidente en sus miradas en el momento en que les encuadrabas con la cámara. ¿Por qué no usar esta posibilidad del cine?

Eso se ve claramente en El árbol de los zuecos

Muchas de las críticas que se hicieron a esa película venían del mundo de los intelectuales de profesión. Para los intelectuales italianos de entonces, mi película era claramente católica, como intención de dar un límite reductivo a la vida campesina. Un crítico inglés escribió, por el contrario, que la película era claramente comunista. Es una muestra de la confusión mental de los intelectuales de profesión. ¿Qué sabía Alberto Moravia del mundo de los campesinos? No se trata de hacer una aproximación turística, sino de participar de esa realidad, con los sufrimientos y las alegrías que esa realidad contiene. La confusión mental de los intelectuales es que hablan de todo, aunque conocen muy poco. Saben muchas cosas, pero no han vivido nada; saben todo, pero sólo eso. En aquel tiempo yo me mortifiqué mucho con esos intelectuales. Ahora no me importan nada. Ya sólo me debo a mi conciencia, y desde ella busco rodar con honradez. Sólo me preocupa eso.

¿Qué pretendió con El oficio de las armas ?

El oficio de las armas -como La leyenda del Santo bebedor - no es un film directamente referido a una realidad concreta. Es más bien un cuento ejemplar, un poco como una parábola al estilo del Evangelio. En las parábolas evangélicas se habla de una realidad contemporánea a Cristo, pero extraña en su significado, sólo en la superficie es real, y su objetivo no es representar la realidad sino presentar un pensamiento espiritual, que, eso sí, encuentra su forma expresiva en la realidad. Cuando hice El oficio de las armas, el argumento era que el capitán Giovanni de Medicis, dándose cuenta de la brutalidad del arma de fuego, ordena no usar más ese arma terrible contra el hombre. Así, aquella bala de plomo que hirió al joven Medicis desde un pequeño cañón, provoca un estupor, una reacción humana en los que viven del oficio de las armas. Esta parábola nos trae al momento presente: ¿qué sucede con la bomba atómica, con las armas biológicas...? El film habla de la peligrosidad de nuestros gestos. Para hablar de esto he contado esta historia lejana en el tiempo, para representar un valor, o en este caso, un contravalor de nuestra sociedad.

¿Y La leyenda del Santo bebedor ?

La leyenda del Santo bebedor no es un film sobre apariciones. Es un film sobre el cristianismo. ¿Y cuál es la síntesis del cristianismo? El perdón es la esencialidad del cristianismo. La diferencia entre la religión judía, que impone el ojo por ojo, y Cristo es el perdón. El perdón es la vía de la salvación. El perdón, que a veces puede convertirse en algo heróico. El perdón es un acto de generosidad en la confrontación entre dos personas. Entre el que perdona y el perdonado, el que más gana es el perdonante. No es un film que se refiere a Cristo, ni siquiera a la pequeña Teresa de Liseaux, sino al perdón. Porque en la escena final, cuando el bebedor no es capaz de devolver el dinero porque siempre se lo gasta en beber con los amigos, y aparece la pequeña muchacha en aquel bar, el Paradox, él le dice: «Perdóname», y ella le responde: «Tú no me debes nada. No te tengo que perdonar nada». El personaje ha sido perdonado, no le debe nada, pero ¿por qué? Porque ha gastado el dinero para sus amigos.

¿Por qué su película-testamento (Centochiodi) tiene que evocar la figura de Cristo?

Siempre he estado conmovido por la figura de Cristo, al que siento junto a mí, un poco a mis espaldas. He comenzado a convivir con esta Presencia, y la gran diferencia es que antes le sentía como si me interrogara para juzgarme, pero ahora siento que me interrogaba para perdonarme. Y puedo decirte que todavía me conmuevo [ Olmi se echa a llorar ]. Cristo es como el maestro de escuela que pregunta al último de la clase, al que nadie pregunta nunca porque sabemos que no va responder. Yo siempre fui el último de la clase, y en la vida también me he sentido el último de la clase.

Transcrito y
traducido por Juan Orellana

Háblenos de la Escuela de Cine Hipótesis. En 2004, el Papa le entregó la Medalla del Pontificado a esa Escuela que fundó usted hace más de veinte años. La Escuela se creó como respuesta a los jóvenes que le pedían participar en el rodaje de sus películas...

Más que una escuela de cine, era una escuela de vida. La escuela oficial me aburría porque no contenía nada de la vida ni respondía a mis preguntas. Cristo hizo una escuela, pero no tenía horarios ni asignaturas. La escuela que yo hice buscaba favorecer lo más posible el diálogo entre las personas, porque juntos se planteaban las preguntas y se buscaban las respuestas. Normalmente, se enseña lo que ya está configurado en un absoluto categórico, se enseña algo ya sabido. Por el contrario, nosotros cambiábamos continuamente cuando nos interrogábamos sobre las cosas. Una vez, me preguntó un periodista sobre la Escuela, y yo le respondí con otra pregunta: «¿Qué es lo que cree usted que está en el centro de nuestra escuela?» Él dijo: «No sé, ¿la cámara de cine?»; yo respondí: «No, la cocina». Porque teníamos como prioridad en nuestro aprendizaje mantener viva la pregunta de por qué hacíamos Hipótesis. Y yo puse en marcha Hipótesis porque quería encontrarme con amigos con los que confrontarme, con los que poner sobre la mesa -la cocina- nuestras preguntas y buscar las respuestas. Yo aprendo mucho de las preguntas que se hacen los alumnos, más que ellos de mi experiencia.

Usted ha vivido una penosísima enfermedad. ¿Cómo la vivió desde la fe?

Vengo de una zona donde tradicionalmente, desde el siglo XIX, ha vivido un pueblo de campesinos de profunda fe, la comarca bergamasca, que se la conocía como la bandera italiana. Allí había cristianos católicos de gran fe. Yo provengo de este mundo. De pequeño, creía en un Jesús niño, con esa espiritualidad encarnada que venía del mundo campesino, donde la presencia de Dios en la tierra estaba representada por todo lo que, de algún modo, constituía para aquel mundo un milagro. Es más, la semilla que producía un fruto para aquellos campesinos era un milagro, porque no conocían las leyes naturales de la botánica, y por ello enterrar una pequeña semilla y que saliera un árbol era un milagro. Aquel milagro era vivido como don de Dios y no era objeto de discusión. Con el tiempo, nuestra sociedad ha modificado esta relación, y ahora ya no se encuentra a Dios en este milagro. Nuestra sociedad tiene explicaciones para todo, hasta el punto que ya no encontramos sitio para Dios.

Cuando me encontré sobre el lecho del dolor, experimenté un sufrimiento que te aseguro que era insoportable. Al menos durante dos meses, sólo conseguía dormir 3 o 4 segundos al día. Los médicos decían que, si no moría por la enfermedad, moriría por no dormir. Una vez le dije a un amigo: «Yo no miro hacia Dios, miro a mi mujer que está siempre junto a mí. Y creo que Dios me entiende, y está de acuerdo conmigo. Cuando pido ayuda a Dios, pido ayuda a mi mujer». Tan cierto es esto que, poco tiempo después, en un momento de verdadera desesperación, le dije a mi mujer: «Mira, prefiero morir antes que vivir así». Y ella me dijo: «Pero si tú mueres ¿qué haré yo?» ¿Qué respuesta podía darme Dios mejor que ésta? Esto no quiere decir negar a Dios, sino que Dios quiere esto. Tengo 76 años, sé que el momento de la muerte se avecina. Yo ahora no tengo miedo. Estoy seguro de que ese momento será como un segundo, un segundo que durará una eternidad. Podría imaginarme que veo aparecer transparente entre la materia un rostro como el que la iconografía representa al Padre eterno, y mirándome para interrogarme, yo no recitaré ninguna oración, sino que le daré un elenco del nombre de mis amigos.

Fuente: http://www.alfayomega.es/revista/571/14_reportaje1.html

martes, 27 de noviembre de 2007

El gran silencio

Sobre esta película estamos hablando aquí, en los foros IntCat.

domingo, 28 de octubre de 2007

A pocos días del estreno de "Bella" actor agradece "bendiciones de Dios"

Eduardo Verástegui, el famoso actor y cantante mexicano que dejó el éxito en el mundo para producir películas con valores de matriz cristiana, ha dado a conocer en una carta el agradecimiento por "las bendiciones de Dios" que han permitido el anticipado éxito de la película "Bella".

"Encontrar inversionistas para financiar ‘Bella’ fue el primer milagro, completar la película fue el segundo. El tercer y más grande milagro fue cuando ‘Bella’ ganó el Festival de Cine de Toronto", dice Verástegui en su carta.

Sin embargo, confiesa que "el momento más emocionante de todos ha sido el de viajar por el país y encontrarme con ustedes"; en referencia a las decenas de encuentros que los productores de la emotiva película pro-vida han tenido en Estados Unidos con grupos religiosos y de defensa de la vida.

Verástegui cuenta que, para el estreno, luego del difícil paso de encontrar un distribuidor, "ya tenemos centenares de salas de cine pre-vendidas y muchos entusiastas que están comprando 100 entradas por familia, o algunos están tratando de comprar entradas para toda una ciudad, todo en apoyo de nuestra película y su mensaje".

"Quiero que sepan lo agradecido que estoy, y espero que cuando se estrene en las salas este viernes, te puedas sentar en la butaca, mires a la gran pantalla y te sientas parte de este milagro en acción".

El actor mexicano describe Bella como "una bella película que para mí fue creada por alguien más grande que todos nosotros, nunca olvidaré toda la pasión, respaldo y vida que esta película ha inspirado".

"Bella" narra la historia de una mujer que es despedida de su trabajo justo cuando se entera que está embarazada en una inhumana Nueva York, y establece una amistad con un futbolista latino caído en la desgracia. A través de esta amistad, la redención de ambos personajes se va elevando con intensa emotividad, en el marco de una familia acogedora y de circunstancias que van mostrando la hermosura de la vida cuando se vive con esperanza.

Más información http://www.bellathemovie.com/

LOS ÁNGELES, 25 Oct. 07 (ACI).

lunes, 22 de octubre de 2007

«La sangre del pelícano», la novela de intriga espiritual irrumpe en el Vaticano

«La sangre del pelícano» (editorial «Libros libres») se ha convertido en las últimas semanas en uno de los «thrillers» espirituales de más éxito en español.

Su autor, Miguel Aranguren (1970), confiesa en esta entrevista que con su séptima novela ha querido «demostrar que la intriga espiritual no puede ser patrimonio de los que atacan a la Iglesia».

Todo comienza en los jardines de Villa Borghese (Roma), cuando un cadáver decapitado aparece entre la foresta. El padre Albertino Guiotta ha sido guiado hasta all&iacut! e; por un anónimo que ha aparecido en el confesionario de su parroquia. Todo hace presumir que una secta satánica está decidida a dar el último y definitivo golpe a la Iglesia ya que, al mismo tiempo, un convento de clausura del Albaicín (Granada) vive con perplejidad unos ataques desagradables y recurrentes y en Cantón (China), los católicos perseguidos parecen dispuestos a sufrir una dura persecución a causa de su fe. Por si fuera poco, Aranguren entrelaza otras dos tramas: la que ha paralizado a la racionalista Francia ante los espectáculos espirituales de un santón gnóstico, obsesionado en confrontar sus fuerzas sobrenaturales con el mismísimo Papa; y la batalla que se disputan en las Naciones Unidas dos mujeres de fines opuestos. Al final, de fondo, el lector se enfrenta ante la lucha entre el bien o el mal.

Somos conscientes de que podemos desvelar muy pocas co! sas más acerca de la trama de «La sangre del pelícano». En todo caso, la novela comienza con una extraña sensación de oscuridad en el alma del padre Albertino Guiotta (protagonista indiscutible de la novela), como si se preparara una terrible tormenta espiritual sobre Roma, y finaliza con una sonora carcajada por parte del cura. ¿Era su intención, al escribir esta novela, mostrar los contrastes entre el bien y el mal?

Bien y mal, virtud y vicio, gracia y pecado son conceptos antagónicos que aparecen constantemente en la novela. Es más, «La sangre del pelícano» está ambientada en un tiempo próximo en el que la sociedad ha rechazado, de alguna manera, la posibilidad del pecado. Pero el pecado existe. Comenzó con la caída de nuestros primeros padres y finalizará con la Parusía, el regreso de Cristo, Rey de la Historia, para juzgar a vivos y a muertos. Mientras tanto, la batalla entre el bien y el mal no conocerá descanso. Pero ya decía Pablo VI que el demonio se aprovecha de este descreimiento universal sobre su perversa figura, a pesar de que pocas veces puedan encontrarse tantas sectas y movimientos vinculados al príncipe de la mentira, al mismo tiempo que pocos momentos de la historia disfrutan de testimonios de santidad tan vivos como los de estos últimos cien o ciento cincuenta años.

Pensábamos que la marea de «El código da Vinci» ya había pasado. Sin embargo, «La sangre del pelícano» parece advertir que el género del misterio espiritual no se acabó en la obra de Dawn Brown.

No sólo no se ha acabado con «El código da Vinci» ni con otras novelas que aprovecharon el tirón comercial de aquel libro. Es más, aquella literatura-basura prostituyó un género que no puede manejar quien no tenga fe, salvo que le sea ajeno el riesgo de caer en la desinformación (como le ocurría a Brown) o directamente en la calumnia. El misterio de la salvación del hombre es inmenso y da pie a muchas recreaciones, también literarias. Los medios de comunicación, por desgracia, ofrecen también una imagen interesadamente sesgada de la Iglesia y sus obras. ¿Por qué no, entonces, lanzarse a la elaboración de una novela que conjugue todas estas ausencias? Es decir, existía la necesidad de mostrar, mediante las peripecias de una serie de personajes, qué es la Iglesia, cuál es el papel de la gracia, qué es el perdón y la misericordia, cuál es el valor de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, quiénes fueron las figuras egregias del cristianismo del siglo XX, etc.

¿Se atrevería a señalar a los lectores de Zenit cuáles son las manifestaciones actuales del mal?

La verdad es que prefiero hablar en positivo. Como antes decía, y a pesar de que en general los medios de comunicación no lo reflejen, en todos los rincones del mundo hay testimonios auténticos de santidad, de heroísmo en la práctica habitual de las virtudes. Pero el mal está ahí, bien representado, por ejemplo, por la «cultura de la muerte», presente también en «La sangre del pelícano». El aborto, la manipulación de embriones, la eutanasia…, acaban con el destino trascendente del hombre, lo cosifican, eliminan de él toda su dignidad, esa que nos hace superiores y dueños de todas las criaturas, ajenos al paso del tiempo, a la misma muerte, que no es nuestro destino irremediable si! no un paso misterioso hacia una vida totalmente plena.

¿Qué pretende recoger con el título de la novela? «La sangre del pelícano» habla de un ave herida y en su portada, además, aparece la inquietante esvástica nazi, de tan horribles recuerdos.

La imagen del pelícano que se hiere a sí mismo para alimentar a sus crías en tiempos de carestía fue utilizada por los primeros cristianos para representar de forma figurada a Jesucristo y a la Eucaristía. El propio canto eucarístico «Adoro te devote», santo Tomás se refiere a Jesús como a ese bondadoso pelícano que nos entrega su carne y su sangre como prenda de salvación. En la novela esta presencia salvadora y misteriosa de Jesús sacramentado está presente, sobre todo, en la esperanza del Santo Padre, al que no vacila su fe como no vaciló la de los primeros cristianos en las que fueron algunas de las más terribles persecuciones de la historia de la Iglesia. Y sobre la esvástica nazi, la portada de la novela no hace otra cosa que anunciar lo que el lector va a encontrarse dentro del libro: que el demonio utilizó la ambición de Adolf Hitler y otros canallas de la historia para intentar acabar con el bien.

¿Cómo aceptará su novela un lector no creyente?

Supongo que disfrutará con su lectura, ya que por encima de este diálogo de aires teológicos que estamos manteniendo, se trata de una novela de intriga, de puro entretenimiento, de una batalla en la que los «buenos» necesitan sagacidad ante las enormes dificultades que les ponen aquellos que quieren que triunfe el mal. El lector, de esta manera, puede también participar buscando la manera de ayudar al padre Albertino y al comisario Luigi Monticone, el antihéroe de esta novela.

Por último, en «Las sangre del pelícano» se mezcla realidad y ficción a juzgar por la aparición de la Madre Teresa de Calcuta y de Juan Pablo II en el entramado de una historia ficticia.

He comentado en otros lugares que Juan Pablo II (que en la novela ya ha sido proclamado santo por la Iglesia) y la Madre Teresa de Calcuta son algo más que personajes históricos. Su paso por la tierra ha removido a mucha gente pública y a muchísima más que pertenece al anonimato de los pueblos. Yo mismo me siento deudor de su vida, gestos y palabras. En «La sangre del pelícano» juegan un papel fundamental en el padre Albertino Guiotta, ya que antes de su conversión tuvo cierto trato con una secta satánica y para su posterior ordenación sacerdotal precisó de la intervención directa del Papa polaco que, además, alimenta a la Iglesia perseguida de China. La Madre Teresa fue interlocutora directa de Albertino, pero no puedo contar más…

Más información en www.miguelaranguren.com y en www.libroslibres.com

MADRID, lunes, 15 octubre 2007 (ZENIT.org)


domingo, 21 de octubre de 2007

Tomás Moro, un hombre para todas las horas


Tomás Moro (1478-1535) fue uno de los grandes humanistas del Renacimiento, erudito, escritor, polemista, abogado, juez, político, diplomático, y finalmente Lord Canciller de Inglaterra (el primer Lord Canciller laico en varios siglos). También fue un hombre hogareño, modelo de esposo y de padre, y amigo de sus amigos; entre éstos se encuentran los más destacados humanistas de su tiempo, como Erasmo de Rotterdam y Luis Vives.

Su trágica muerte –condenado a la pena capital por negarse a reconocer a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia de Inglaterra– es un modelo de fidelidad a la Iglesia y a la propia conciencia, y representa la lucha de la libertad individual frente al poder organizado.

En 1557 su yerno, William Roper, escribió su primera biografía. Desde su canonización, en 1935, se han publicado muchas otras de diferente valor. El libro de Álvaro Silva, que también tradujo y editó obras de Moro y la correspondencia del humanista, no es una biografía, aunque recorra buena parte de su vida, sino un viaje a la cabeza y al corazón de Moro, a través de sus escritos.
Reconoce Silva que el género biográfico es siempre contemporáneo, pues hay demasiados elementos de esa época que nunca llegaremos a interpretar correctamente; pero admite que ésa no es una razón para dejar de intentar acercarse al personaje y hacerlo lo mejor posible.

Silva aborda el tema en cinco capítulos originales y de extraordinario valor por su seriedad y penetrante análisis. El primero y principal trata de Utopía: no sólo del contenido del libro más famoso de Moro, sino de lo que es en sí y lo que supuso para Moro. Explica Silva que Utopía es un “modelo” de reforma, un ejercicio mental realizado por un gran humanista, que enseña a pensar y da las claves de la mente del humanista (y hace soñar lo que podría haber sido una reforma de la Iglesia desde dentro, sin Lutero). Este capítulo da una pauta que seguirá Silva a lo largo del libro; los puntos concretos que estudia y muestra los relacionará con la vida posterior de Moro.

Los otros capítulos, menos densos, pero no menos enjundiosos, comienzan por “Moro lector”, que explora sus hábitos de lectura: tanto los textos que escogía como su manera de tratarlos y valorarlos. “Las mujeres de Moro” habla no sólo de sus mujeres e hijas, sino de toda su forma de tratar a “la otra mitad del mundo” en una época completamente machista. “Moro y los herejes” recuerda muy particularmente la ruptura de la cristiandad, sus desvelos por salvaguardar la integridad de la fe desde la política, su labor como polemista –lo peor de su obra escrita– y su evolución hacia posturas más tolerantes. “El martirio y el arte de vivir” y “¿La conciencia de Moro o el cabezota de Moro?” coronan una vida plena, cuya características principales –sus peores enemigos lo reconocen– es la sinceridad y la coherencia.

El libro de Silva es una delicia que invita a leer las obras de Moro y a conocer más una época apasionante; también exige un cierto conocimiento previo de la vida del Canciller, como el que pueden proporcionar las biografías escritas por Andrés Vázquez de Prada o Peter Berglar.

Autor: Álvaro de Silva
Marcial Pons. Madrid (2007). 264 págs. 22 €.
Firmado por Fernando Gil-Delgado Fecha: 17 Octubre 2007

domingo, 14 de octubre de 2007

"Los 7 mitos de las madres trabajadoras"

Las mujeres han ganado la libertad para incorporarse al mercado laboral, para “trabajar fuera de casa”. Pero, ¿respeta nuestra cultura la libertad de las mujeres que deciden no trabajar? En el fondo, ¿no hay una presión ambiental que menosprecia a las madres que deciden no trabajar fuera de casa? ¿Nuestra sociedad valora adecuadamente el trabajo de las mujeres en casa?

Por otra parte, las mujeres reciben otro mensaje profundamente injusto: Es posible tener una carrera profesional competitiva, lo que significa un trabajo de muchas horas diarias, y criar a los hijos cuando son pequeños. Es sólo “cuestión de organización”. Pero los permanentes “testimonios ejemplares” de estas superwoman llevan una carga envenenada: Si tú no lo puedes hacer es por tu culpa, es porque no eres suficientemente buena.

El resultado es el estrés y la frustración de muchas mujeres, la permanente sensación de que no llegan a todo y de que no están “dando la talla”.

Este libro es un alegato liberador para las mujeres de hoy en día. No es posible hacerlo todo al máximo. La vida conlleva elecciones y hay que valorar las consecuencias de cada una. Y si la maternidad estuviese justamente reconocida en nuestra sociedad y las mujeres fueran libres para elegir, muchas se librarían de esa tensión que la actual cultura dominante les impone.

Una cultura injusta que pretende imponerse

Los 7 mitos de las madres trabajadoras aborda valientemente estas cuestiones, que están siendo objeto de fuertes debates en Estados Unidos, donde las mujeres, después de demostrar de lo que son capaces profesionalmente, quieren recuperar ahora la auténtica libertad para poder elegir sobre su vida familiar.

Suzanne Venker ha sido durante años profesora de secundaria. Escritora y madre a tiempo completo, vive en St. Louis.

Por: Suzanne Venker